21 mayo 2014

Profecía autocumplida


¿Saben que el pasado lunes TVE emitió un (pseudo) debate electoral en el que, además de candidatos de PP y PSOE, intervinieron los de otras cuatro opciones? Imagino que sí, aunque seguramente se deba a las noticias haciéndose eco de su escaso seguimiento. Intuyo que hasta sabrían decirme cuál es la cifra o porcentaje de audiencia que obtuvo el espacio. Sin embargo, ¿podrían decirme en cuántos medios escucharon o leyeron durante los días previos noticias en referencia a la trascendencia e importancia de ese debate? Efectivamente, a diferencia del "debate a dos" entre PP y PSOE, anticipado durante semanas por todos los medios sistémicos, del "debate" en el que el ciudadano podría conocer y escuchar otras alternativas nadie habló. Eso sí, hasta que fruto de ese silencio tuvo una audiencia baja, y entonces se pudo afirmar que "este tipo de debates no interesan" y "la desafección política de los ciudadanos afecta a todos los partidos".

Podría decirse que toda la jugada responde a lo que se conoce como una profecía autocumplida, aunque lo cierto es que se trata de la clásica —y burda— manipulación de toda la vida. Una manipulación de la que este y el otro pseudodebate son solo los últimos eslabones, dentro de una estrategia que pone en ejercicio todos los instrumentos de que dispone en el sistema, para que el resultado final sea el esperado: desde la elección de dos candidatos mediocres para los dos únicos partidos en los que se pone el foco mediático; a la publicación de encuestas que pronostican la reedición de la aplastante victoria de ambas formaciones, no solo en España, sino también en Europa (al tiempo que señalan algunas opciones de voto como inútiles anticipando que no van a conseguir representación); pasando por el empleo de todos los medios de persuasión de masas para reforzar esos mensajes y crear, al tiempo, debates alternativos —en este caso, la necedad del candidato del Partido Popular— que centren la atención del electorado en una dicotomía entra las opciones deseadas, olvidando lo que realmente se vota y que existen múltiples opciones.

El objetivo es obvio: que el votante se incline por una de las dos "opciones" a las que se da visibilidad o que se quede en casa, ya porque esas "dos opciones" le parezcan malas y no parece que haya otras, o porque aquellas por las que se inclinaba, o bien "todo apunta" que no van a obtener representación o, en caso de tenerla, no va a suponer ningún cambio, ya que —como dicen las encuestas y ya reflejan anteriores elecciones— la mayoría del parlamento estará en manos de esas dos opciones que votan conjuntamente la práctica totalidad de medidas. 

Si finalmente el domingo por la noche, al abrirse las urnas, ha habido una baja participación y arrasan los dos partidos mayoritariamente publicitados (hay que ser precisos con el uso del lenguaje), la profecía tan pronosticada y aireada por el sistema se habrá cumplido. Ahora bien, si éste realiza tanto esfuerzo para que la ciudadanía deje de votar, por algo será

PD: Para ampliar algunos detalles de lo apuntado aquí, me remito a dos columnas leídas en las últimas 24 horas que me parecen muy interesantes. La primera la firmaba ayer Isaac Rosa, y apuntaba ya lo bueno que está resultando para el sistema la polémica del "machismo de Cañete". Se titula Que hablen de machismo mejor que de recortes. La segunda la ha publicado hoy mismo Julià Álvaro, y pone negro sobre blanco la connivencia entre partidos de masas y medios de masas para que nada cambie. Su título, La España de políticos que se esconden y periodistas que les tapan.
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