24 abril 2014

Podemos no puede (el resto sí)

La verdad es que, cuando me enteré de la jugada, pensé que era lo que faltaba. Sí, la ocurrencia de Podemos de elegir el careto de Pablo Iglesias como parte del logo de sus papeletas, era el colmo de una estrategia que acababa de desmontar la presunta propuesta de horizontalidad y de plataforma de base del emergente partido político. Efectivamente, como estrategia de marketing tiene sentido: que el rostro de Iglesias figure en las papeletas puede posibilitar que un determinado tipo de electorado, el políticamente analfabeto consumidor de pseudo debates políticos de televisión, pueda decidir en última instancia votar al "chico de la coleta de la tele" en lugar de al "gordo comilón de la tele" o a "la señora recién sacada de la peluquería de la tele". En cambio, como "alternativa" a la mala política que se oferta en España, pues no supone ninguna alternativa. 

Y era tan solo el último despago. Tampoco la forma en que se celebraron sus primarias, con todos los candidatos con altavoces a su servicio "recomendando" la misma serie de candidatos votables o "favoritos" —o lo que es lo mismo, conduciendo la votación desde sus atalayas—, ofreció diferencia alguna en lo sustancial a los procesos de mismo nombre e igualmente conducidos del resto de formaciones que los han planteado hasta la fecha. Y eso, por no entrar a valorar su voluntad de sumarse a otras opciones políticas similares. Podemos nació desde un reducido grupo de personas con un objetivo, personas que prometieron horizontalidad y nuevos modos para conseguirlo, pero que hasta la fecha han ejercido la verticalidad y perseguido sus objetivos con menos medios pero los mismos métodos. 

Vamos, Podemos no son las CUP, al menos por ahora, y no tienen ningún viso de llegar a serlo. Bueno, es una lástima, especialmente para los que deseamos que aparezcan alternativas políticas surgidas y organizadas desde la base, que sean plurales, que huyan de privilegios, de personalismos, etcétera. Que Podemos prometiera eso y esté priorizando las vías de éxito electoral y funcionamiento partidario tradicional es una pena. E incluso es comprensible que, quienes en algún momento depositaran su confianza en la plataforma y ahora se sientan traicionados, bromeen con ellos. Yo, se lo confieso también, con algunas me he reído bastante. Sin embargo, lo que me parece incomprensible y bastante vergonzoso es leer por ahí a militantes del PP y PSOE haciendo chanza del hecho de que Podemos intente utilizar en campaña sus mismas armas, las de meternos los caretos de sus candidatos hasta en la sopa. 

No entiendo dónde encuentran la gracia, ¿en el truco que han tenido que emplear por nunca haber recibido financiación en B para costear sus campañas o por no contar con una banca que les dé créditos para las mismas que luego les condone? ¿En que su intento resulta "patético" cuando sus partidos han montado y permitido un tinglado monopolístico de los medios de comunicación que impide la pluralidad de pensamiento y el facherío mental, al tiempo que fomenta la estulticia? La verdad, al igual que lamento que Podemos no haya utilizado su altavoz y la ilusión que había generado para aportar algo realmente diferente en la escena política española, lamento que estos intelectuales del "bipartidismo" no usen su lengua para denunciar y tratar de desmontar el tinglado que sus partidos edificaron en tres décadas de manejos sucesivos del estado. No lo harán.
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