03 abril 2014

Las víctimas de RTVV

Los valencianos no queremos que esta imagen se repita. Y tanto que no.

"Un muy alto cargo de un grupo multimedia español me confesaba hace dos años que el mayor error había sido admitir como colegas a “demasiados indeseables”. Pues bien, se acabó el colegueo".
Víctor Sampedro Blanco. Periodistas inmundos, non gratos (I) 

No sé si a ustedes les pasará lo mismo, pero como el niño de El Sexto Sentido, últimamente no hay día que no vea muertos. Me refiero a algunos "muertos" de RTVV, esos ejecutores en la sombra o a rostro descubierto de la manipulación política a través del engendro propagandístico que fue aquel ente, pero que, como almas en pena, se resisten a desaparecer para devolver la paz que durante tantos años nos negaron a los valencianos.

Sí, han pasado ya cuatro meses desde que Fabra decidiera el cierre de RTVV y con él, la futura pérdida del empleo de más de un millar de personas, a día de hoy aún asalariadas de la empresa de capital público. Un ERE siempre es una mala noticia y éste, por la parte laboral, no es una excepción, a pesar de que por fortuna para los afectados, su especial posición les ha permitido pactar —de forma absolutamente mayoritariaun acuerdo de despido con el que decenas de miles de españoles afectados por ERES en los últimos años solo podrían haber soñado (e incluso, tratar de incluir una cláusula chantaje)

Sin embargo, en la parte social, al margen de la mala gestión política y el coste extra derivado de ella, el cierre de RTVV no es una mala noticia. Se utilizaba para engañar y manipular a casi cinco millones de ciudadanos, solo era un ente "público" en lo que respectaba a su coste —nunca lo fue en su función, por lo que no hemos perdido un medio público, sino un gasto público—, y además se había convertido en un refugio de enchufados y cuestionables profesionales, con la piel suficientemente dura como para ser cómplices de la manipulación o directamente sus activos ejecutores.

Como durante muchos años se reclamó socialmente, RTVV solo tenía dos soluciones: o un reseteo expulsando a la dirección y a media plantilla para empezar casi desde cero, o su supresión. Si los trabajadores de la casa hubieran deseado de verdad una radiotelevisión pública, se habrían alzado mayoritariamente hace tiempo y liderado y demandado ese reseteo, pero eso —salvo casos excepcionalmente puntuales— nunca pasó. Y cuando quisieron darse cuenta, Alberto Fabra, un personaje que nunca hubiera llegado a donde está sin su entusiasta colaboración propagandística (no lo olvidemos), decidió darles la puntilla.

La historia, además de triste, es patética y vergonzosa: los trabajadores del ente cavaron su propia tumba. Pero a pesar de ello, algunos de sus fantasmas aún se resisten a ir a ocuparla y vagan como zombis por los pueblos aquí y allá, con la complicidad de algunos partidos políticos que aspiran a gobernar, amenazando con que "RTVV tornarà" y erigiéndose como víctimas de la tiranía.

Pero no, las víctimas de RTVV son, en general, los casi cinco millones de valencianos que padecimos durante años sus mentiras —a costa del dinero todos— y la consecuencia de las mismas (casi dos décadas de gobierno del PP y la ruina que ha generado); y en lo profesional, los miles de periodistas y profesionales (y aquí se incluyen desde la operadora de cámara hasta el peluquero, pasando por todos los periodistas de otros medios que participaban en sus tertulias manipuladas en radio y televisión) que o bien fueron rechazados por los gestores del ente público por no ser dóciles y prestarse a la labor propagandística, o directamente ni optaron motu proprio a participar del latrocinio (sin que hubiera queja alguna respecto a este perverso sistema por parte de los trabajadores del ente).

Todos estos somos las víctimas de RTVV y no los fantasmas que se pasean por pueblos y tertulias insultando nuestra memoria y tratando de reescribir la historia. Cada "RTVVtornarà", dicho por uno de estos fantasmas o por quien sea, es un insulto a todos nosotros que padecimos RTVV y sí queremos una Televisión Pública Valenciana.  Cada "RTVVtornarà" es una amenaza de que, si les dejaran, la misma mierda se podría volver a repetir. E incluso, en boca de representantes de formaciones políticas con aspiración de gobernar, cada "RTVVtornarà" es un aviso al electorado de que estarían encantados de recuperar a los manipuladores si, como hacen ahora cuando vislumbran la cola del paro, la rosca se la hacen a ellos.

Veo muertos, sí, y me dan vergüenza ajena. Déjennos en paz de una vez; dejen de amenazarnos, por favor. Y si de verdad ahora quieren una Televisió Pública Valenciana llámenla así, TPV (nunca la RTVV que ustedes vilipendiaron hasta hacer ya inviable) y échense a un lado. Quizás así, sin identificarse con sus caras, esa causa empiece a ganar cierta simpatía. 

#VolemTPV

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