10 marzo 2014

Nos quieren tontos

Wyoming (en el centro) en sus tiempos al frente de 'Caiga quien caiga'.

Leo en una web que Telecinco baraja la posibilidad de recuperar el programa Caiga Quien Caiga en un formato y horario que serviría para contraprogramar El Intermedio en La Sexta. Y la noticia, aunque no me extrañaría que a alguien le haya alegrado, es tremendamente triste. No cabe duda de que los dueños de los grandes medios de comunicación españoles nos quieren tontos. ¿Cómo? ¿Que no lo entiende? Intentaré explicarlo paso a paso.

El Intermedio, un programa de humor, obtiene un tremendo éxito de audiencia. ¿Cuál es su fórmula? Tratar los temas de actualidad de manera crítica, poniéndolos en contexto, desde una óptica teñida de progresismo y con pinceladas de humor. ¿Cuál sería entonces la clave de su éxito? Está claro que la combinación de todo ello. Pero resulta evidente que si hay un elemento que hace único al espacio no es ni el humor, ni el enfoque progresista (ninguno de ambos son aspectos únicos del programa, aunque es cierto que el progresismo —no les digo ya el izquierdismo— apenas tiñe un 5% de la programación de la conservadora y uniformizadora televisión española), sino el ejercicio de poner en contexto los hechos.

"Yo me informo con El Intermedio" es una frase que cada día es más común escuchar y es tremendamente triste. ¿Pero cómo no lo va a decir la gente? Si el programa de Wyoming hace lo que no hace ningún noticiario de la televisión española: consultar las hemerotecas y ver como este u el otro político dice "Diego" donde hace cuatro días dijo "digo". "Bueno, pues eso no es malo" pensará alguno, pero lo cierto es que sí lo es. Porque Wyoming no es periodista. Ésa no es su función. Y lo que provoca el espacio —como también lo hace Salvados— es naturalizar que la fiscalización al poder la tengan que hacer programas de humor o programas esporádicos y ligeros, y no los noticiarios, los "informativos". Naturalizan que sea cosa de risa o excepcional. Y además con el añadido de que, como se trata de espacios de entretenimiento, no se les exige rigor, y no pocas veces carecen de él*.

La lógica reacción al éxito del Intermedio—un programa que se abre a diario con la frase "ya han visto las noticias, ahora les contaremos la verdad"— si viviéramos en un Estado ideal sería que los medios recapacitaran y enmendaran sus acríticos y mediocres informativos plagados de declaraciones de políticos sin contrastar, noticias descontextualizadas, vídeos de Youtube y toneladas de fútbol y nimiedades. Sin embargo, vivimos en España. Y mientras la mitad del emporio mediático privado español se queda como está (Atresmedia, con La Sexta y Antena3 como buques insignia), la otra mitad (Mediaset, encabezada por Telecinco y Cuatro) medita como respuesta repescar Caiga Quien Caiga. ¿Nos quieren y nos tratan como idiotas o es cosa mía? 

Ahora, si quieren, nos ponemos a hablar de la realidad mediática venezolana, ecuatoriana, o de cualquier país en el que los propietarios de estos conglomerados mediáticos tengan intereses económicos. Con los conocimientos que hemos adquirido viendo Antena3, Telecinco, TVE o compañía, claro.

*Ejemplos de esa falta de rigor se producen a diario en El Intermedio, porque como digo, no es un espacio realizado por profesionales de la información. Sin embargo recientemente uno me molestó. Se produjo cuando el Gran Wyoming dijo "desde el pico de la mesa" con motivo de la terrible actuación de la Guardia Civil en Ceuta que "a los inmigrantes nos hay que dispararles, sino recogerlos y repatriarlos a sus países como dicen los Derechos Humanos". Efectivamente, la Declaración Universal de Derechos Humanos no dice en ningún sitio que nadie se tenga que arrogar el derecho de posesión de un territorio, sino que apunta en su artículo 13 que "toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado", así como "a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a él". La versión de Wyoming, obviamente, era más cómoda para el sistema, pero es rotundamente falsa.
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