25 marzo 2014

La violencia engendró violencia


Seguro que ya lo saben: el pasado sábado, centenares de policías y otros tantos jóvenes se enfrentaron por las calles de Madrid ofreciendo numerosas escenas de violenta explícita. 

Sí, quizás les resulte extraña mi manera de contarlo, pero es la más aséptica que he encontrado. Y seguramente aún así les chirríe por el mero hecho de no poner exclusivamente a los jóvenes como sujeto activo de lo sucedido, lo que difiere rotundamente del modo en que los medios españoles de masas han abordado unilateralmente la noticia: criminalizándolos.

Que el papelón de los medios con este tratamiento ha ofrecido una estampa ridícula, en especial cuando uno se detiene a comparar cómo hablan de protestas de semejante cariz en Venezuela, resulta evidente. Si allí los jóvenes "se enfrentan" a las fuerzas de seguridad de un gobierno "opresor", que "impone sus decisiones en contra de los deseos de la población" y que "se sostiene en el poder utilizando todos los medios de comunicación a su servicio", no sé qué les lleva a no utilizar las mismas palabras para referirse a los jóvenes que tomaron las calles de Madrid la noche del pasado sábado. La única diferencia estribaría en que en este caso serían ellos los medios al servicio del poder oligárquico que los utiliza para perpetuarse desinformando a la ciudadanía.

Sin embargo, más allá de esta evidencia, lo que llama la atención es que ninguno de estos medios —desde La Razón a La Sexta— parece tener interés en que estos episodios de violencia explícita no se vuelvan a repetir, puesto que ninguno de ellos se ha preguntado qué lleva a los jóvenes a reaccionar así, y por qué, lejos de reducirse, la reacción violenta de la población va in crescendo. ¿Será quizás porque conocen la respuesta a estas preguntas?

Resulta curioso que mientras la derecha y sus altavoces utilizaron los incidentes para criminalizar la pacífica y multitudinaria protesta previa, los que se hacen pasar por progres trataron de retratarla como un espontáneo brote de violencia. Como es obvio, a los primeros les va bien con su versión, pero es más llamativa la postura de los aparentemente progres, porque con ese argumento evitan hacer pensar al público más cercano a su órbita.

Sin embargo, la acción de los jóvenes que se enfrentaron a la policía —aunque al margen de las protestas del 22M— sí tuvo una carga ideológica. Esos jóvenes y sus familias son cada día víctimas de la violencia del desempleo; de unas medidas violentas de austericidio impulsadas por dos gobiernos consecutivos de —a priori— diferente signo político que les están cercenando sus derechos y libertades; víctimas en innumerables ocasiones de la violencia que supone que las fuerzas de seguridad, en lugar de velar por sus derechos,  defienden a los poderosos y convierten sus manifestaciones en cotos de caza en los que apalear a "rojos"; víctimas de un sistema mediático que ignora sus demandas y les criminaliza independientemente de lo que hagan. 

Ignorar que la violencia de los jóvenes el pasado sábado es una reacción a la violencia que reciben a diario es negar la evidencia y seguir alimentando el monstruo del callejón sin salida. ¿Es eso lo que quiere el sistema? ¿No quiere abordar los problemas que él mismo genera y de los que es único responsable? Quizás así sea, interpretando que por ahora la partida de la opinión pública la tienen ganada y los protagonistas de las revueltas del pasado sábado son todavía vistos simplemente como unos violentos. 

Sin embargo no deberían confiarse pues sobran los ejemplos (desde el París de La Bastilla, a los recientes episodios en Ucrania, pasando por al Buenos Aires del corralito y tantos y tantos otros) en que fueron los primeros que ocuparon las calles, los que resistieron y contraatacaron las embestidas de los aparatos represores, los que acabaron respaldados por todo el pueblo tras encender la mecha que derrocó al viejo régimen. Ellos verán.

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