10 febrero 2014

Menos caridad y más trabajar


Un gobernante, además de trabajar, tiene que hacerse la foto. Forma parte de su papel de representación y por tanto la ciudadanía debe entenderlo. Pero de la misma manera, además de hacerse la foto ha de trabajar. Les cuento esto porque el pasado jueves el President de la Generalitat valenciana, Alberto Fabra, y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, asistieron a una gala de Casa Caridad de Valencia, organización que a diario da de comer a miles de valencianos sin recursos, y el que suscribe puede entender que acudieran allí para agradecer el parche que esta entidad pone a la situación dramática que muchas personas sufren en la actualidad. Pero lo que no puede entender ni comparte —y además cree que hay que denunciar— es que esa presencia, lejos de ser aprovechada por los citados para reconocer su parte de responsabilidad en esa situación (si no gobiernan para tratar de conseguir que vivamos dignamente sin necesitar de la caridad de nadie, ¿para qué gobiernan?), se convirtiera en un acto de propaganda política.

"En Valencia (con el papel de Casa Caridad y otras organizaciones de caridad) es difícil que alguien pase hambre, y decir lo contrario supondría una grave ofensa a la tradicional generosidad de todos los valencianos", aseguró en el acto el presidente de la entidad, Antonio Casanova, en una declaración/delirio que da mucho que pensar acerca de los verdaderos objetivos de la entidad que preside y que parecen no pasar por revertir la situación de pobreza de sus involuntarios usuarios. 

Sin embargo, fue peor la respuesta de la alcaldesa Barberá —verdaderamente obligada moralmente a que ninguno de los ciudadanos de la ciudad que dirige pase hambre—, que en lugar de hacer caso omiso a esta declaración para ver si pasaba desapercibida, agradeció las palabras de Casanova, "reconociendo que en Valencia existen los recursos necesarios para que nadie, nadie tenga un problema de necesidad". Su desfachatez es digna de oprobio. 

Según el último informe de la Fundación BBVA y el instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, el 7'9% de la población valenciana vive en condiciones de pobreza severa, un porcentaje superior al de la media estatal. "Medio millón de pobres" tituló El País su artículo respecto a este informe. 

Quizás, conocedor de esa realidad, Alberto Fabra prefirió agradecer a Casa Caridad "su compromiso con aquellos que están en riesgo de exclusión o en situación de pobreza y que gracias a vosotros tienen cubiertas su necesidades básicas y pueden confiar en la sociedad". No obstante, en quienes los ciudadanos deberíamos confiar es en nuestros gobernantes. En él y en la señora Barberá. Si ellos, en los que confiamos la administración de lo público, nos dejan en manos de la caridad, mejor se pueden marchar.
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