12 febrero 2014

El problema era que no mataban al servicio del dinero

José María Aznar, junto a Jiang Zemin, en su visita a China de junio de 2000, en la foto (de José Huesca) que ilustró la portada de La Vanguardia.

Son unos cínicos. Antes lo intuíamos, pero ahora lo sabemos con certeza. Acaban de confesarlo. Me refiero a todos aquellos que, cuando en una conversación uno apuntaba alguno de los muchos aspectos perversos del sistema capitalista, de inmediato saltaban para enviarte a Cuba, a China o a Corea del Norte. "Mira, mira lo que hacen los comunistas. Vete allí a ver si te gusta más", señalaban a las primeras de cambio, revistiéndose momentáneamente de un halo de defensores de los derechos humanos del que no recuerdas que hayan hecho gala jamás para exigir —por poner un ejemplo sencillo— la libre circulación de personas por encima de las fronteras. 

Ese silencio selectivo era sospechoso, tanto como su sordera cuando asegurabas que tú los derechos humanos los reclamas y defiendes igual a la vuelta de la esquina, en Cuba o en Irak. Pero lo dicho, la sospecha de su hipocresía y cinismo se convirtió en certeza ayer, cuando, a raíz de la orden del juez Moreno de detener al expresidente de China Jiang Zemin acusado de genocidio, torturas y crímenes de lesa humanidad en el Tíbet, amparándose en la legislación española sobre la justicia universal aprobada en 1985, el Partido Popular aplicó su mayoría en el Congreso para cambiar la ley y restringir su aplicación. ¿Por qué todos ellos no han saltado como leones al cuello del Partido Popular para exigirle lo contrario, que hagan todo lo posible por detener al "tirano comunista"? Pues precisamente por eso, porque aunque aún se resistan a reconocerlo, el tirano Zemin y sus herederos sí son tiranos, pero no comunistas (ni en lo ideológico y en lo práctico), sino capitalistas.

Porque Zemin, que accedería la secretaría general del Partido Comunista Chino solo días después de la masacre de Tian-anmen contra los estudiantes que protestaban precisamente contra el desmantelamiento de los sistemas de protección del comunismo en la sociedad china*, fue uno de los abanderados de la transición a la dictadura capitalista china. Y claro, denunciar las violaciones de derechos humanos  en Cuba o Corea del Norte, países todavía medio reacios a ser saqueados por la globalización del mercado, aún está bien para estos cínicos, pero hacerlo en los países con los que "podemos" hacer un buen negocio nunca ha sido un problema para ellos. Aunque sea por encima de miles de cadáveres. 

El problema pues, nunca fue que en algunos países se violaran los derechos humanos, sino que no se violaran al servicio del dinero. Lo malo es que con su voto de ayer, los diputados del PP y todos los que comparten su cambio de discurso no solo demuestran su cinismo, sino que asumen su complicidad. Con los asesinos.

*Si en su día creyó la versión de que a los estudiantes se les atacó por pedir una apertura al capitalismo fue usted víctima —como se explica Naomi Klein en la notable obra La doctrina del Shock— de una tomadura de pelo.
Publicar un comentario