17 febrero 2014

Clase media serás tú

Si buscas "clase media" en las imágenes de Google, entre otras "familias" te salen ésta. Nada que añadir.

No sé a ustedes, pero a mí, cada vez que escucho a alguien referirse a los míos o en general a la gente trabajadora como "clase media", me da un escalofrío, me indigna. Es una sensación muy parecida a la que noto cuando escucho a alguien utilizar "hijo de puta" para descalificar a otro. Llámenme mojigato, pero no puedo evitar pensar qué culpa tendrá la madre de esa persona en cómo de mala sea ella, aunque el emisor del insulto en absoluto tuviera la intención de ofenderla indirectamente. 

Pero eso es lo que tiene ese insulto, que desde su misma gestación, aunque se remonte siglos atrás, está cargado de un significado machista, injusto y rancio que me repugna compartir; aunque a veces, involuntariamente, hasta yo mismo lo acabe empleando. Y algo parecido me pasa al escuchar la denominación "clase media".

En este caso, no obstante, hay una diferencia sustancial: aunque el término es añejo, no fue antaño sino recientemente, cuando se cargó de un significado extra. Y es que el término acuñado en los albores de la industrialización para referirse a una reducida clase acomodada, empezó a emplearse más recientemente —coincidiendo con el auge de la burbuja crediticia— para anular a las clases trabajadoras y hacerlas creer que, mediante la especulación y el endeudamiento, podrían situarse por encima de los demás, en contraposición a una "clase baja" menospreciada en la que resulta difícil que uno se sienta orgulloso de pertenecer. 

"Hay que cuidar a las clases medias, la mayoría", "nuestro gobierno ha conseguido que la clase media sea cada vez más numerosa en el país", repetían medios de masas y partidos sistémicos, en un ejercicio perverso en el que todo el mundo, económicamente acomodado o no, debía sentirse "clase media", pues lo contrario era ser un excluido, un lastre, un paria, enemigo del bien común, identificado precisamente en esa nebulosa "clase media". Y todo, al tiempo que se iban bloqueando las vías de progreso sólidas como la educación pública y abrían las falsas, animando a los modestos trabajadores a pedir créditos que no podrían pagar y que han acabado enviando a la ruina —solo en España— a centenares de miles de familias. 

Señalar a un trabajador como "clase media" entonces era, en la mayoría de los casos, una mentira, un intento de estafa. Ahora, cuando tener trabajo ya es una fortuna (aunque muy pocos tengan garantizado que lo van a conservar pasado mañana), que nos sigan llamando "clase media", además de una estafa, sienta como un insulto. Sí, como en el caso de "hijo de puta", a uno se le puede escapar sin querer, sin mala intención, pues el lavado de cerebro que nos ha tratado de hacer con la maldita frase ha sido tal, que es inevitable que uno no lo haya siquiera medio interiorizado. Pero lo suyo es que al menos nosotros, la gente honrada y trabajadora, dejemos de emplearlo y volvamos a reivindicarnos como "clase trabajadora". Un término, este sí, en franca oposición a los estafadores y sinvergüenzas que han tratado con bastante éxito de vivir a nuestra costa. Precisamente, los que reinventaron el de "clase media". 

Si vuelven a escucharlo a según quién, desconfíen.
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