27 enero 2014

Hollande vs Fabra

Alberto Fabra y Esther Pastor. Foto: Javier Cavanilles (CC no comercial con atribución)

A los periodistas nos lo enseñaban en clase, pero cualquiera educado con los mass media lo saben sin necesidad de que se lo expliquen. Ante un mismo suceso, es más noticiable el que ocurre cerca que el que pasa lejos. Lo llaman el criterio de proximidad y es tan importante y tan normal su aplicación que a nadie le extraña que un crimen convencional sucedido en el centro de Madrid sea cubierto con varios minutos en el mismo informativo que apenas dedica unos segundos —y porque hay imágenes del suceso, que si no olvídense— a un atentado al otro lado del mundo en el que han fallecido centenares de personas. Les cuento esto porque en los últimos días no me lo he podido quitar de la cabeza. Y no me lo he podido quitar porque no acabo de entender por qué los medios españoles dedican tanto tiempo a la vida privada de François Hollande y tan poco —por no decir ninguno— a la de Alberto Fabra.

No creo que haga falta extenderse mucho para justificar mi extrañeza. Mientras en España poca gente quedará sin saber que el presidente francés, ha engañado a su ex pareja con una actriz y lo ha acabado confesando después de que fuera descubierto en su infidelidad, aquí pocos —por no decir casi nadie— sabe que Alberto Fabra, el presidente autonómico valenciano, también se separó de su ex mujer el pasado verano y mantiene ahora una relación extramatrimonial. "Es que no es lo mismo", podría decir alguien, y efectivamente, tendría razón. Porque mientras el escarceo sentimental del presidente francés no ha afectado —más allá de lo que a todo el mundo afecta en el trabajo lo que le pasa en su casa— al desarrollo de sus funciones, el de Alberto Fabra (que durante tiempo fue un rumor harto difundido desde las propias filas del PP valenciano y la pasada semana ya han dado por hecho los periodistas Juan R. Gil en el diario Información y Pilar Cernuda en Onda Cero) sí ha afectado al desempeño de su cargo, pues se ha traducido en la colocación de su pareja sentimental, Esther Pastor, en un alto cargo de responsabilidad en la Generalitat Valenciana. Un cargo desde el que, como señalaba Juan R. Gil en su brillante artículo de este fin de semana, su pareja informal está influyendo en el día a día de todos los valencianos.

¿Les parece poca diferencia? Mientras el asunto de Hollande se circunscribe a su vida privada, el de Fabra corresponde a la pública. Sin embargo, en Francia se interroga a su presidente al respecto y los medios le dedican cientos de páginas y minutos en radio y televisión, y en España... en España —salvo las dos piezas excepcionales mencionadas con anterioridad— se habla de Hollande. ¿Cómo se explica eso? ¿Pero en qué país vivimos? Yo, sinceramente, después del artículo de Gil, sumado a la cascada de presuntas irregularidades que arrastra la gestión de Pastor, confiaba en que hoy los medios saldrían de su letargo para que el president de la Generalitat aclarara taxativamente este asunto. Pero no. Y para colmo no faltará quien se cuelgue la medalla diciendo que aquí "en eso no se entra por respeto a la vida privada". No será a las nuestras.
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