16 enero 2014

Ahora queremos trencadís

Palau de les Arts. Foto: Alberto G. Robi

Imagine que va al carnicero, pide entrecot de buey de Kobe, el carnicero le empaqueta un trozo de carne, se lo cobra a precio de oro, y cuando llega a casa y abra el paquete se da cuenta de que el tendero lo que le ha dado en un trozo de lomo de cerdo. ¿Qué haría usted? Si al regresar a la tienda a aclarar el malentendido, el carnicero le dijera que lo siente y que le va a subsanar, pero que en lugar del buey le va a dar un par de salchichas. ¿Usted aceptaría? Pues algo similar ocurre ahora en Valencia (aunque realmente es en todo el País Valenciano, pues es a todos sus ciudadanos a escote a los que se nos ha dado gato por liebre) con el asunto del dichoso trencadís inestable del Palau de les Arts.

La historia tiene, no obstante, algunos matices. Al tendero Santiago Calatrava, lo eligió para comprar carne —edificar la Ciudad de las Artes proyectada originalmente— el gobierno socialista de Joan Lerma; pero fue el de Eduardo Zaplana (que había vehiculado su oposición al anterior mostrando —entre otras cosas— un rechazo frontal al proyecto por considerarlo excesivamente caro), el que ya con la cartera en la mano cambió los detalles de la lista de la compra y multiplicó su coste. Finalmente, sería el faraón Francisco Camps quien finalmente acudiría al tendero como si nuestra cartera no tuviera fondo y le diría "ponme lo más caro, que això ho pague jo".

Así se desmadró la cosa, alcanzando la factura de la carnicería alrededor de 1.100 millones de euros a todos los valencianos (más intereses, que suman 700 adicionales), entre los que se incluyen los honorarios al carnicero (ha ingresado al menos 94 millones directamente en Suiza evitando que los valencianos al menos nos beneficiáramos fiscalmente de la operación). Aunque eso sí, como señaló la Fiscalía de Valencia en relación a alguna de las compras, éstas no fueran punibles porque "la figura delictiva del derroche público" no existe.

Y ahora, después de un saqueo que acabarán pagando los nietos del que se los pueda permitir, va y resulta que con el trencadís del Palau de les Arts nos pasa la del carnicero: que la presunta carne de Kobe —a pesar de haber pagado por ella cerca de 500 millones de euros— no es de Kobe, que nos han dado chorizo. Es llegado a este punto, después de tantas veces sintiéndonos estafados en la carnicería y con la Generalitat por fin amenazando al tendero con demandarle, cuando el carnicero nos ofrece salchichas en lugar de Kobe para compensarlo, y por primera vez sin coste adicional (sí, hasta ahora, cada vez que nos había vendido material en mal estado, la Generalitat, como un niño tonto enviado de recadero, aún había pagado más por la compra). Porque sí, ahora Calatrava y la UTE constructora del inmueble dicen que la reparación del trencadís que se cae a trozos de la fachada del Palau la pagan ellos, pero que igual hay que limitarse a pintar la superficie o poner unos paneles de aluminio

¿Pero si hemos pagado Kobe vamos a aceptar salchichas? Sería de imbéciles y es cierto, tanto el tendero como nuestro recadero nos han tratado muchas veces como tal. ¿Pero lo vamos a aceptar otra vez? Sinceramente, nunca creí que llegara este momento, pero creo que ha llegado la hora de decir todos a una: queremos trencadís. Y sí, que no sirva de precedente.
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