07 noviembre 2013

Por una RTVV digna (después de ésta)


El gobierno valenciano lo anunciaba a su manera, con una nota de prensa repleta de falacias y sin posibilidad de preguntar: RTVV se cerraba. Ya no era un ERE masivo, era el fin, el persianazo definitivo al sueño de la radiotelevisión pública plural y en valenciano que nunca fue. Y entonces, entonces sí, los trabajadores que quedaban en el ente tomaron el control tanto de la radio como de la televisión públicas. Parte de la ciudadanía, especialmente los colegas de los afectados, reaccionaron con sorpresa al hecho de que, por boca de los otrora propagandistas de Zaplana, Camps y compañía, afloraran ahora los calificativos de corruptos asociados a aquellos nombres, amén del reconocimiento de alguna manipulación largos años silenciada. Sin embargo, a la mayor parte de la sociedad valenciana, el cierre de un ente desprestigiado por su manipulación política y el elevado endeudamiento que arrastra, al margen de pillarle por sorpresa, se la trajo al pairo.

No debería haber sido así, pero así fue. Tantos años de manipulación habían hecho su efecto, y la pérdida de otro órgano reflejo de nuestra autonomía, como resultado de años de saqueo por parte de unos políticos mediocres cuando no directamente ladrones, era asumido socialmente sin el menor aspaviento. No obstante, no todos los valencianos lo aceptaron sin rechistar. Precisamente aquellos más críticos con la gestión del ente durante todos estos años irrumpieron para reclamar la necesidad del mismo, y los trabajadores de la casa, los supervivientes del desastroso ERE ejecutado por el gobierno de Alberto Fabra, les dieron, por primera vez desde que empezaron a manipular en RTVV, voz en la radiotelevisión pagada por todos. Salieron todos los representantes de la oposición, los de organizaciones que la audiencia tradicional de Canal 9 no sabría que existían, músicos cuyas actuaciones jamás se emitieron por la televisión pública, y ofrecieron argumentos de peso para defender la necesidad de una radiotelevisión pública propia, plural y en valenciano. Pero algo chirriaba, algo impedía que ese mensaje calara, y saltaba a la vista para cualquier conocedor del medio.

Ahí, preguntando a la oposición, a los músicos o a los agentes sociales, estaban las mismas caras que durante años manipularon a toda la audiencia, leyendo los textos manipulados por otros redactores sumisos. Y ayer, por mucho que el mensaje cambiara gracias a unos entrevistados de cuya voz se nos ha privado durante casi dos décadas, los manipuladores de siempre seguían manipulando. Sus informativos trataron de reflejar una oposición social frontal al cierre de RTVV que no es cierta, sus noticias siguieron sesgando las fuentes para inclinar la balanza hacia el mensaje que pretendían dar, y, pese a alguna pincelada con afán estético, la autocrítica brillaba por su ausencia. Informar hasta la extenuación de las fiestas populares o de las inundaciones de la gota fría era un trabajo que se reivindicaba como hito informativo y no como la cortina de humo para manipular y suplir una verdadera información de carácter propio que era. Incluso se permitían el lujo de decir que durante la fugaz existencia de Nou, la propaganda gubernamental había pasado a ser cosa del pasado a pesar de ser de nuevo, algo rotundamente falso. Pero no, la manipulación estaba bien viva y esta vez se ejercía para asociar la necesidad y el derecho de los valencianos a tener una radiotelevisión digna a la pervivencia de los puestos de trabajo de los manipuladores. Lo único que exclusivamente interesa a sus autores.

Pero por mucho que se empeñen ya no engañan a nadie. RTVV agoniza y de su inminente asesinato han sido cómplices necesarios. Ahora mismo, a su favor solo se puede aportar un argumento rotundo: han demostrado que los trabajadores, si hubieran querido, podrían haber frenado la manipulación tomando al asalto el control de RTVV. Pero no lo hicieron hasta que se vieron definitivamente acorralados. No obstante, si de verdad defienden la necesidad de una radiotelevisión pública como aseguran, aún tienen una oportunidad estupenda para demostrarlo: salgan mañana en antena, reconozcan al detalle todo el mal que han hecho ustedes y los gestores que pervirtieron la televisión de todos, y renuncien a participar en una nueva radiotelevisión pública. Pagará algún justo por mucho pecador, pero solo así, evidenciando que lo que les mueve no es el egoísmo personal, defenderán la televisión pública que necesitamos los valencianos. Lo demás, por triste que parezca, además de manipulación es un insulto a la inteligencia.
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