15 octubre 2013

Por la instauración del 'Indicador Bici'

Imagen original publicada en Heraldo.es

No sé si a ustedes les pasará algo parecido, pero a mí, desde hace muchos años, me ofende escuchar cómo se emplea en los medios de comunicación el número de vehículos matriculados como un indicador de la salud de la economía. Es cierto que, contemplándola como un asunto frío, especulativo, aséptico e inhumano, la venta de coches y otros vehículos de motor ofrece un dato de interés, en tanto que se valora por los economistas como un gasto prescindible —o cuanto menos aplazable— en épocas de carestía y por tanto, cuantos menos vehículos de motor para el transporte privado se venden, mayor es la sensación de crisis de la ciudadanía y el empresariado. Sin embargo, si algún medio contemplara la economía no como algo inhumano y ajeno a la ciudadanía, sino como algo de cuyo equilibrio dependen las vidas y el bienestar de miles de millones de personas, la venta de vehículos sería indicativo de más cosas: de la responsabilidad o irresponsabilidad de una sociedad que compra más o menos algo que seguramente no necesita; de su capacidad para administrar sus recursos, de su cultura, de su sensibilidad con su entorno, o de la carencia de las mismas.

Ya les digo, la simple elección en los medios de este indicativo y de su interpretación positiva si las ventas de coches suben (o negativa, si bajan) siempre me ha parecido algo torticero e insultante; porque a mí, que se vendan menos coches, no solo me parece bueno, me parece maravilloso. Les cuento todo esto porque recientemente hemos conocido que el pasado año —siguiendo un fenómeno que ya se produjo en Italia el año anterior— en España se vendieron por primera vez más bicicletas que vehículos de motor. Seguramente lo habrán escuchado de refilón y ligado además a la fuerte caída de la venta de vehículos o al alza del precio de los carburantes; dos factores que, no cabe duda, no dejan de ser ciertos. ¿Pero no es también cierto que una persona que deja aparcado el coche y los sustituye por una bici para realizar sus trayectos urbanos, o que crezca el número de hogares en los que —en lugar de coches— hay tantas bicicletas como personas, pueden ser indicativos de un avance en positivo, no solo en el ámbito social sino también en el económico? ¿O es que el ahorro no es economía? ¿No son el decrecimiento que supone la rebaja del consumo de energía no renovables o el ahorro en materia sanitaria que reportaría la práctica de ejercicio a diario —por apuntar las consecuencias más inmediatas del uso de la bici— unos indicativos económicos que contemplar con esperanza? A mí no me cabe ninguna duda de que deberían serlo. A ver si algún economista no neoliberal y algún medio de comunicación con ganas de cambiar el rumbo de la sociedad se animan a tenernos al día del Indicador Bici. De ser así, la salud, la de cada uno (si se animan a dejar el coche) y la de la sociedad en general (simplemente cambiando sus esquemas mentales), presentarían en breve una gran mejoría.
Publicar un comentario