10 septiembre 2013

'No pintem Fabra'


Si no recuerdo mal, fue una diputada autonómica de Compromís la que, interpelando al President de la Generalitat, le dijo en un accidente verbal —seguramente intencionado— que "vosté no pinta Fabra en Madrid". Lo que presuntamente quiso decir es que "no pintava fava", que viene a ser lo mismo que el "no pintar nada" de la lengua castellana. Sin embargo, lo que acabó haciendo es una especie de neologismo que habría que acuñar, puesto que "no pintar Fabra", o pintar lo que pinta Alberto Fabra es eso: no pintar absolutamente nada. Así viene quedando demostrando desde que tomó el relevo de Francisco Camps con el beneplácito de Génova como candidato más manejable de los disponibles (por ese mismo motivo eligió Zaplana a Camps para relevarle, aunque "el curita" le salió rana). Desde entonces, aunque el PP autóctono prometía zanahoria para los valencianos con el advenimiento de Mariano Rajoy en la Moncloa, lo que ha llegado es palo, mucho palo. Por dos ocasiones se han rebajado la financiación y las inversiones estatales y aquel Zapatero al que justamente se acusaba de discriminar a los valencianos (igual que González aunque menos que Aznar) parece ahora el más dadivoso de los presidentes con que nos hemos topado. Hasta se puede decir que Rajoy no visita más nuestras tierras como presidente de lo que lo hacía el leonés.

Que Fabra no pintaba Fabra en Génova ya se intuía pues, con cada decisión del gobierno estatal. Sin ir más lejos, el permiso para sobreendeudarnos respecto a la media nacional, más que una ayuda es una condena, pues ha sido precisamente el exceso de endeudamiento el origen de la crisis actual. Pero el colofón del ninguneo se ha producido esta semana cuando, ordenado por su propio partido en Madrid, Fabra y los suyos se han visto obligados a pedir la retirada de la votación en el Congreso de la reforma de un artículo del Estatut d'Autonomia valenciano de 2006 (menuda chapuza sería —y es— si ya había que modificarlo) aprobada por la mayoría de Les Corts y sin oposición de ningún partido, que únicamente pretendía que el Estado tuviera que ofrecer a la Comunitat Valenciana una financiación acorde a la financión autonómica media per cápita (que se recibiera por cada valenciano lo mismo que la media estatal, ni más, ni menos). ¿El motivo de la exigencia? No evidenciar que el PP español votaría en contra de la decisión de la cámara valenciana, o sea en contra de la decisión de los valencianos.

El desprecio del gobierno de Rajoy a los valencianos es pues manifiesto y la sumisión de Fabra, evidente. Pero hay que ser justos: no solo Fabra "no pinta Fabra", ni los valencianos le importamos un bledo al PP estatal; tampoco los valencianos, la Comunitat Valenciana "pintamos Fabra" en España. ¿Se imaginan que una decisión tomada unánimemente por las Cortes andaluzas fuera despreciada así en Madrid la que se armaría? No les digo ya lo que pasaría si sucediese lo mismo con una decisión votada sin ningún rechazo por el Parlament de Cataluña o el Parlamento Vasco, porque lo han experimentado en numerosas ocasiones: horas y horas de tertulias radiofónicas e informativos televisivos. ¿Pero saben cuánto espacio han dedicado los medios estatales a esta burla a la soberanía popular valenciana? Prácticamente cero; desde El Mundo, El País y compañía, a Eldiario.es o Infolibre (ambos sin delegación ni delegados valencianos), por no hablar de las radios (solo en la Ser se citó el tema muy de pasada) y televisiones. "No pintem Fabra", vecinos, y menos si lo que toca es reclamar que —ahora que andamos un poco ahogados de capital— quizás la generosidad que siempre se ha tenido para con otras geografías debería entrar como mínimo en pausa. 

Pero claro eso rompería el mito de que estamos arruinados por los innegables despilfarros de los gobiernos del PP y no porque, sobre todo, la valenciana es una comunidad históricamente infrafinanciada. ¿Cómo sin unos que den más y cobren menos van a haber otros que dando menos cobren más? Pues eso, a pagar, a no molestar, y a emocionarnos cuando en el telediario de TVE dicen lo buena que está la paella o sacan el tiempo que hace en nuestras playas, o a aplaudir cuando el diario progre de turno saca el enésimo artículo sobre Camps —¿a quién que quiera estar informado de lo que pasa aquí le importa a estas alturas?— firmado desde Madrid. Y así nos va.
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