25 septiembre 2013

Mearse en nosotros sí sale barato


Parece mentira que seamos tan tontos, pero, a la mínima que te despistas, te giras y ves como el balón ha llegado al fondo de la red sin oposición, mientras el sistema lo celebra entre risas. Que Adif cobrará por usar los baños de la estación de Atocha  fue ayer una de las noticias más comentadas en España y el sentimiento general era de indignación. “Ya nos cobran hasta por mear” era el comentario más repetido en medios digitales y en redes sociales, mientras que en radios y televisiones no se abstenían de recoger testimonios de gente asegurando que, como alternativa, “habrá que mear en la calle”. 

Resulta evidente que, o bien ninguno de los comentaristas ha cruzado jamás los Pirineos hacia Europa, pues tan solo hay que pisar el primer bar de carretera de Francia para toparse con un baño atendido por una persona que cobra por mantenerlo en buen estado (y la situación se repite en los servicios públicos de numerosos países de la Unión Europea y de fuera de la unión monetaria, esos para algunos tan poco civilizados); o bien tienen muy mala memoria y prefieren olvidarlo. Sin embargo, en este último sentido se desvela la intencionalidad de la jugada por parte del sistema y sus medios de persuasión: ignorando esta realidad se genera una polémica falsa, ridícula y, lo que es más importante, inofensiva. Porque si hubieran querido polemizar, podrían haber aplaudido que se creen nuevos puestos de trabajo si es que se va a ofrecer un servicio mejor y más continuo, pero además haber puesto el dedo en la llaga en que se ha hecho como lo lleva haciendo sistemáticamente el partido del gobierno: con opacidad y aparentemente a dedo. 

¿Por qué a estos gobernantes que se les llena la boca hablando de caridad, emprendedurismo, solidaridad, etcétera, no se les ha ocurrido ofrecer esta vía de negocio a centros sociales, de ocupación, o pequeñas empresas de colectivos desfavorecidos? ¿Por qué ha acabado el negocio en manos de una multinacional? ¿Va a suponer el invento un ahorro sustancial o una fuente de ingresos para la ahogada Adif o, por el contrario, se van a beneficiar otros a golpe de sospechosa subcontrata? ¿En pago de qué favor (véase el caso de Arturo Fernández y la cafetería del Congreso) se les ha subcontratado? ¿Y por qué ningún medio se pregunta esto? Seguramente porque eso despertaría la imaginación de la gente y les haría pensar en cómo funcionan los resortes del poder, y aquí lo que interesa es lo de mear, concretamente mearse en nosotros. ¿O ayer hablaron ustedes más de la nueva flagrante subida de la luz?

PD: Si Adif hubiera empezado esta concesión con los baños de la estación de Cáceres, ¿cree usted que nos habríamos enterado?
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