04 junio 2013

A lomos de la mentira


  • Una condena de once años de cárcel piden los servicios jurídicos de la Generalitat para el ex conseller de la misma y aún hoy diputado del PP en Les Corts, Rafael Blasco. ¿El motivo? Uno de los delitos (el caso se ha dividido, por lo que aún pueden se pueden sumar otras condenas) presuntamente cometidos por éste en el 'caso Cooperación' (ya saben, el que juzgará el desvío a una trama de empresas amigas, por parte de Blasco y sus subordinados, del dinero en principio destinado a la ayuda a los más necesitados —o "negrolandia", según la terminología acuñada por los presuntos delincuentes—). El caso puede dar más vueltas en su periplo hasta el juzgado, si es que finalmente se abre juicio oral, pero por lo pronto esto significa que los abogados de la Generalitat —no unos que pasaban por allí, ni los abogados de la oposición— consideran que hay indicios suficientes como para considerar que este señor y sus colegas nos han robado.

    El presidente Alberto Fabra dijo hace unos días que si esto se producía, actuaría con firmeza. "No me va a temblar el pulso", aseguró. Pero cuando escribo estas líneas, de lo poco que le tiembla, el president ni se ha movido. Blasco sigue perteneciendo al PP y al grupo popularista en Les Corts y no se sabe nada de Fabra, aunque el portavoz de su grupo, Jorge Bellver (que sustituyó a Blasco en esa función), decía esta mañana que no, que esperarán a la apertura de juicio oral. A estas alturas me resulta difícil determinar si estos sujetos son más mentirosos o más sinvergüenzas.
  • El caso Cooperación y las peticiones de pena a Blasco han eclipsado momentáneamente las posibles imputaciones de Francisco Camps y Rita Barberá en la rama valenciana del caso Noos. Sin embargo, y aunque estos últimos aún no estén imputados en nada, su posible implicación en la presunta estafa perpetrada por Iñaki Urdangarín ha hecho correr ríos de tinta y la reacción de los protagonistas ha sido dispar. Mientras Camps, conocedor ya del frío del banquillo, ha optado por guardar silencio, Barberá se ha dedicado a negar la mayor. Sus argumentos, tres: "yo no comí en Zarzuela", "yo no firmé nada", y, "en todo caso, aquí sí que se hizo el evento y tuvo un impacto y una repercusión tremendas".

    Pero con esos argumentos, creer a la alcaldesa es difícil. Y no porque los dos primeros no puedan ser ciertos, sino porque el tercero es una absoluta falacia. El Valencia Summit fue, evaluando coste y beneficio, una estafa en toda regla cuya única repercusión se ha producido al conocer que fue una sacaperras para el yerno de Juan Carlos de Borbón. Y no la única: en mayor o menor medida también lo fueron la Copa América, la Fórmula 1, los mundiales de hípica en el río, el open de tenis patatero, la visita del Papa y tantas otras tantas inversiones fallidas que —al margen de haber servido o no para cometer presuntos delitos— han empeorado la situación con que los valencianos afrontamos la crisis actual. Afirmar que a ella (y por ende a nosotros) no la engañaron con esa mierda —las cosas por su nombre— es, o bien una mentira, o bien una evidencia de la incapacidad de Rita Barberá para liderar una ciudad y sacarla del colapso y la ruina en que se encuentra. Yo, realmente, me inclino por ambas. 
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