30 julio 2012

Pasar olímpicamente



Lo cierto es que no tenía en mente ver ni un instante de la ceremonia, pero como en casa se estaba viendo, no pude evitar que por unos instantes mi atención y mi pensamiento se centraran en el espectáculo que sirvió para inaugurar los juegos olímpicos que estos días se disputan en Londres. ¿Cómo no hacerlo si del subsuelo de lo que debería ser un estadio de atletismo emergen una montaña y decenas de cachivaches, al tiempo centenares de personas realizan una coreografía sobre una superficie que cambia constantemente? Ante semejante artificio es normal que muchos permanezcan embobados, aunque servidor no podía dejar de preguntarse si a los mecanismos creados en el subsuelo del estadio, para un momento tan puntual como ese, se les dará un uso posterior o todo su coste habrá repercutido en esos fugaces y ya casi olvidados instantes. Afortunadamente —observé— la inquietud no era solo mía.

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