19 julio 2012

La penúltima lección de RTVV


No por menos esperada, la noticia del ERE en Radiotelevisión Valenciana ha sido menos impactante. De sus casi 1.700 empleados, 1.300 se irán a la calle en breves semanas, y su lógico descontento se ha hecho sentir de inmediato: primero con el asalto de los estudios del ente en Burjassot, después con concentraciones, protestas y avisos de huelga. En el gremio y entre la clase política aparentemente progresista, este drama para centenares de personas ha despertado mayoritariamente reacciones de solidaridad indiscriminada. Sin embargo, en la calle solo hay que parar un poco la oreja para percibir que la ciudadanía no guarda hacia los trabajadores de RTVV la misma simpatía.

No tengo dedos en las manos para contar las veces que escuchado a diferentes personas emular a Andrea Fabra para referirse a los futuros parados "de Canal 9". No obstante, no creo que entonar un simple "que se jodan" es a todo lo que un ciudadano —que esperó durante años que todos los trabajadores que ahora protestan se plantaran ante la manipulación informativa que se realizaba con su complicidad o silencio mayoritario— deba aspirar. El ERE de RTVV brinda una lección y creo que deberíamos aprenderla. Es más, creo que si este drama puede tener una utilidad es enseñarla y a ello es a lo que —perdida la batalla por mantener el empleo— es a lo que se deberían dedicar los trabajadores que lucharon por mantener su dignidad y la del ente durante estos años, que los hay.

Porque si se ha llegado a este punto se debe a que, en RTVV, como en miles de empresas, cuando se produjeron los primeros agravios, solo un puñado dieron la cara por todos mientras el resto guardaba silencio. "El colegio de los niños, la hipoteca, no se pagan solos", me justificó más de un colega buscando solidaridad, sin mostrar empatía alguna por los que ni se plantean tener un hijo o comprar un piso si eso les supone perder la dignidad. "Es que mi situación es más delicada", he escuchado de otros, que del mismo modo obedecían la voz de su amo y seguían haciendo funcionar el engranaje. Otros muchos, incluso le hicieron el culo gordo a los jefes —en este caso montando y votando a sindicatos verticales con los que tratar de eclipsar a los verdaderos sindicalistas que durante años mantuvieron las protestas— lo que les reportó progresar en el organigrama de la empresa. Mientras, algunos, los menos, se exponían, y eran degradados, si no despedidos. La mayoría, no obstante, guardó silencio ante las fechorías y atropellos a sus compañeros y a su clientela, a todos los valencianos.

Y aquí llega la lección. Toda esa complicidad no sirve de nada. Si tus jefes son unos sinvergüenzas solo existe una lógica para ellos, la del desprecio, y sólo hay una respuesta válida: o los paras o lo pagas. Nadie se salva, y los esquiroles, los cómplices, los cobardes, los egoístas, lo acaban pagando como el resto, desgraciadamente arrastrando con ellos a los que sí tuvieron la dignidad de plantar cara. ¿Aprenderán todos ellos y los ciudadanos esta lección que nos brinda el ERE de RTVV? Sería deseable que fuera así, aunque lo cierto es que a nuestro alrededor —estoy viviendo algún caso de cerca y lo sé de buena tinta— vemos como, en situaciones similares, se reproduce el mismo esquema, con los mismos actores —solidarios y egoístas, valientes y cobardes, compañeros frente a vasallos— y a la larga el mismo resultado: casi todos, si no todos, perderán sus empleos o sus derechos. 

En RTVV ya ha pasado, pero los afectados no hablan de ello. Quizás —aunque en parte es comprensible que dediquen sus esfuerzos a tratar de obtener un milagro— sería deseable que fueran ellos los que pusieran sobre la mesa estas vergüenzas y muchos de los que fueron cómplices por acción u omisión reconocieran su parte de culpa en este desenlace. Así se extendería la enseñanza y seguramente, los trabajadores se ganarían alguna simpatía que ahora no despiertan. Desgraciadamente, aunque solo quedarán 400 empleos, no resulta difícil encontrar a colegas que, salvo mostrarse abatidos, no dicen una palabra más alta que otra. Por si hay suerte. O son unos cínicos o no han entendido nada.

PD: Como apunta el título, esta es la penúltima lección del ERE de RTVV, pero no la última. Esa, aunque todavía ha de producirse en el ente público, ya es conocida: todo esto no supondrá ningún ahorro a los ciudadanos, sino una nueva estafa del gobierno del PP. Por un lado los enchufados despedidos encontrarán otro refugio a costa del erario público si no son los beneficiados de la producción externa que la menguada nueva RTVV necesitará para emitir contenidos. Por otro, el PP ya encontrará otra vía para continuar entregando dinero público a empresas afines a sus intereses; la fuente principal, no lo olvidemos, de la ruina de RTVV y de nuestra autonomía en general. Si a ello le sumamos que casi con toda seguridad ninguno de los causantes de este saqueo pagará por ello, la estafa es completa. Lamentablemente, esta lección, pese a que los populares valencianos llevan años ofreciéndola, los valencianos seguimos suspendiéndola. A ver si de una vez dejamos de repetir.

PD2: Entre todo lo publicado al respecto, dos artículos interesantes por su particularidad. Por un lado el del guionista Paco López BarrioEl ERE de RTVV y el viejo “nuevo” modelo, en Los ojos de Hipatía. Por otro, la crónica de la concentración de trabajadores del pasado martes a las puertas de la sede en Burjassot de RTVV, Y Xelo Miralles cogió el megáfono, realizada por Quico Arabí para Levante, con un inicio espectacular y esclarecedor. 
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