04 junio 2012

Y al tercer día no resucitó


Hace sólo tres o cuatro días y ya parece una eternidad. l'Informatiu irrumpió un lunes 30 de noviembre cuando apenas nadie lo esperaba y dos años y medio después se fue con la misma discreción. Para los que lo hacíamos a diario, ya muy menguados en fuerzas, no fue una noticia dura, pues llevaba tiempo digerida. En cambio sí nos entristeció percibir cómo afectó a muchos de nuestros lectores, que sentían de golpe lo que nosotros comprobamos durante meses.

"Tota comunitat mitjanament sana manté, per damunt o per sota dels seus antagonismes interns, uns nexes de solidaritat bàsics, gràcies als quals continua afermant-se en ella mateixa i és ella mateixa: són aquests nexes els que, entre nosaltres, van  relaxant-se de mica en mica, es debiliten, s'esvaeixen". Así lo dejó escrito Joan Fuster hace 50 años en el prólogo de Nosaltres els valencians y me parece oportuno para definir el porqué de la tristeza que muchos sintieron ante el cierre de l'Informatiu: no era por la pérdida de un medio modesto y que les caía simpático, sino ante la evidencia de que no existen en nuestra comunidad —y no me refiero a la del pueblo valenciano, como Fuster, sino simplemente a la de los valencianos presuntamente implicados en un objetivo de cambio— esos "nexos de solidaridad básicos" que habrían podido mantener, entre muchas otras cosas, algo tan simple como ese altavoz de sus causas en que se había convertido el diario.

l'Informatiu no era en absoluto perfecto, ni siquiera era lo que sus artífices habíamos planeado. Simplemente fue lo que pudimos hacer con los recursos de que dispusimos. Ante el vacío de propuestas diarias valencianas, abiertamente progresistas, en nuestra lengua, y con proyección; en nuestros cálculos contábamos con recibir algún apoyo constante que planeábamos reinvertir en dotar aún de más proyección al diario e incrementar el equipo para hacerlo más potente y crecer exponencial mente. Pero ninguno de los respaldos que suponíamos que —por lo que mantienen en sus discursos— nos llegaría, lo hizo de una manera sustancial, y lo más que conseguimos fue estirar un presupuesto que nos daba para cuatro meses de vida, hasta los 31 que finalmente duró la aventura.

Demostramos que se podía y se puede hacer periodismo con pocos recursos, aunque desgraciadamente, no conseguimos demostrar que se puede hacer sin ninguno. Los milagros no existen y los periodistas no viven del aire. Mantener l'Informatiu costaba bien poco: con lo que vale una contraportada en un ejemplar de Levante o Las Provincias se habrían satisfecho con dignidad los gastos de un mes del diario, pero ese respaldo publicitario nunca se logró, a pesar de la larga lista de presuntos interesados. Esperemos que estos —"per damunt o per sota dels seus antagonismes interns"— tomen nota para la próxima y establezcan los nexos de solidaridad, que seguro que la habrá. Todavía hay gente que confía en ello.

PD1: Los responsables del diario dijimos la nuestra sobre el cierre de l'Informatiu en su última edición. Sin embargo, a nuestros columnistas, les avisamos del mismo con una semana de antelación, al tiempo que les pedimos que, en la medida de lo posible, no lo comentaran explícitamente, de modo que muchos lo abordaron de una manera más o menos velada. Aquí dejo sus artículos, por si a alguien le apetece repasarlos una vez conocida la noticia.
Antoni Rubio: Tancar la porta
Xavi Bellot: Pornografia
Manuel S. Jardí: Demà encara no s’ha escrit
José Manuel RamblaLas voces, los eructos y los gritos
Joan Carles GirbésÉs l’hora d’unir les mans
Xavier Mínguez: Puta crisi
Carla González Collantes: Bon vent i barca nova
Víctor Maceda: Dos anys i mig
Javier Ibáñez: Estudiando con Miguel
Manel Alonso i Català: Mou-te que açò s’empastra
Àgueda VitòriaPocs serveixen per a aquest ofici
Diego Gómez: Comunicant la revolta
Julià Álvaro: Misèria
Odo: Salutacions

PD2: Por qué no un crowfunding.
Finalmente, y a la vista de que algunos lectores insisten en señalar que existía esa posibilidad para mantener l'Informatiu, apuntaré brevemente por qué el crowfunding no era una solución. Por un lado el hecho de que no se puede estar mensualmente haciendo colectas de 6.000 euros parece bastante aplastante (porque queremos que los dos o tres periodistas que trabajan en él sean al menos mileuristas y los columnistas cobren alguna compensación, ¿no?), pero lo es aún más la convicción de que que el periodismo no ha de ser objeto de caridad, ni podemos pedir a los periodistas que se dediquen a pensar cómo compensarnos al margen de ofreciéndonos su trabajo de la mejor manera posible. ¿Que habrá que pensar un medio por el que los lectores "puedan pagar" por su consumo? No cabe duda de que el sistema perfecto aún no existe, pero no faltan medios para hacerlo y tienen que ver con la publicidad. Lo más sencillo sería, como mínimo, no navegar por los medios que nos gustan con bloqueadores de banners, pues les estamos quitando el mínimo ingreso que pueden recibir por "anuncios vistos". Por otro lado, consultar algún anuncio de los que acompañen a un artículo que nos ha gustado serviría tanto para generar una recompensa instantánea, como para advertir a los anunciantes que valoramos ese medio. No obstante, a la larga, lo deseable sería que, al margen de lo anterior, como lectores supiéramos leer no solo los medios, sino también su publicidad. ¿Quién se anuncia en el medio?, ¿quién no?, ¿quién creo que debería hacerlo? o ¿por qué no lo hará?, son algunas de las preguntas que deberíamos hacernos tanto para l'Informatiu como para El País o La Razón, de cara a valorar a los anunciantes y compensarlos con nuestro respaldo o nuestro rechazo según nuestros intereses. Si los anunciantes se enfrentaran a una audiencia crítica, también así contribuiríamos a cambiar el panorama mediático.
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