07 junio 2012

¿Qué hay de lo mío?



La práctica totalidad de las farmacias valencianas han secundado hoy la jornada de cierre patronal como protesta por el desmesurado retraso de los pagos de la Generalitat que preside Alberto Fabra de los medicamentos con receta. Es la segunda vez que lo hacen, después de una primera jornada de protestas a finales del pasado mes de diciembre. Como recordarán, mientras Francisco Camps fue presidente autonómico, el pago a los farmacéuticos igual se retrasaba unos días, pero se realizaba con regularidad; sin embargo fue dejar el sillón este esposo de boticaria, y automáticamente pasar los propietarios de farmacias a engrosar la lista de afectados por los impagos del Consell.

Sin embargo, aunque el asunto que ha motivado el paro es tan alarmante como lo era en diciembre (la Generalitat no cumple con sus obligaciones básicas, genera inseguridad ciudadana, pone de manifiesto su insolvencia económica, e indirectamente genera despidos por su maltrato a los empresarios), esta vez me ha parecido percibir una menor simpatía o solidaridad ciudadana hacia la causa farmacéutica. En mi caso es así y el motivo se debe sencillamente a que, aunque el problema que les afecta es compartido con otros muchos sectores, a los propietarios de farmacias sólo les preocupa "lo suyo".

No es, desgraciadamente, una actitud de la que estos hagan gala en exclusiva, pero no cabe duda de que, conocedores de su mayor poder de presión —coincidiendo con cada paro se ha procedido a un inmediato pago por el Consell—, lo emplean en exclusiva para su propio provecho, olvidando a los libreros (a los que se les adeuda más de la mitad del bonolibro del curso que está a punto de terminar), a los trabajadores de centros de discapacitados, a los dependientes, etcétera. ¿Por qué no protestar unidos? ¿Por qué no señalar que es un problema compartido con unos mismos responsables? Seguramente porque los no lo sientan así. En la huelga del pasado 29M, a diferencia de hoy, resultaba imposible ver una farmacia cerrada. O quizás, simplemente se trate de puro egoísmo. No obstante, mientras no exista solidaridad ciudadana, no saldremos de esta.


“No queremos llegar a la situación de Grecia, donde un tercio de las farmacias han tenido que cerrar por culpa de las deudas de la administración, pero a este paso, todo puede pasar", ha advertido la presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Valencia, María Teresa Guardiola. Yo espero que no sea así, por la pérdida de empleos que supondría, pero no cabe duda que a todo se acaba acostumbrando la gente, y si en lugar de tres farmacias en el barrio hay una, pues seguramente pocos se sentirán agraviados. Especialmente si los vecinos nunca se sintieron vistos por los farmacéuticos de igual a igual.
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