25 junio 2012

Por qué es bueno que pierda 'España'


Hace unos días, un colega me transmitió su malestar por los comentarios críticos a la selección española de fútbol y en particular al disfrute masivo de sus éxitos por parte de la población. Unos comentarios que, entre otros, ha vertido un servidor. "¿Qué culpa tenemos los que nos gusta el fútbol de lo que le pasa al país?", me dijo entonces, y lo cierto, le respondí, es que en el sentido estricto de causa-efecto no tienen ninguna. Sin embargo, le argumenté, yo tengo mis motivos para manifestar también mi malestar por la euforia patriotera ligada al fútbol, y a medida que "la selección" continúa su marcha triunfal mis motivos se refuerzan. 
Trataré de explicarme. Para empezar hay que partir de la base de que la gente (la mayoría) está con España —me referiré así en cursiva, al equipo de fútbol que defiende al organismo privado Real Federación Española de Fútbol— porque son "los de aquí". El criterio estético (su manera de practicar el fútbol) es lo de menos, están con España al igual que "son" de Alonso y de Nadal y no de Hamilton y Federer; que jueguen así o asá es lo de menos, y me parece estupendo. Es más, me parece fantástico que exista esa preocupación, esa tendencia afectiva hacia lo próximo, cuando lo habitual, muchas veces, es un autoodio carente, si no de lógica, al menos sí de empatía. 

El problema es la identificación entre España y España. Así entre nosotros, establecer esta relación parece burdo, pero lo cierto es que una inmensa mayoría de los simpatizantes de la selección establecen esa correspondencia, y no cabe duda de que desde determinados sectores se alimenta esta falacia. Esto, si el país viviera una situación tranquila, no dejaría de ser preocupante, aunque no revestiría una especial importancia. En cambio, cuando los españoles estamos a punto de sufrir el saqueo más grande a nuestro porvenir tras el golpe de estado del 36 y la posterior dictadura franquista, que la operación se camufle o compense con las victorias de un grupo de deportistas de elite es sumamente pernicioso. 

Pero está sucediendo ante nuestras narices. El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, tras mentir a todos los españoles negando la petición de un rescate a España para salvar su sistema financiero —un rescate con unas condiciones que se ocultan a la ciudadanía, pero ofrecido por los mismos que ya han llevado a otros países en circunstancias similares a la ruina—, cogió un avión con toda naturalidad a otro país para ver a España jugar un partido de fútbol, como si fuera una responsabilidad de su cargo igual de importante que gestionar el destino de los españoles. Ya ese día, el diario La Razón ilustraba su portada con un dibujo de un portero de fútbol con el uniforme de España parando un balón, bajo el titular "España despeja el rescate" (por cierto, aún no han pedido perdón por semejante mentira, quizás sea mañana); y desde entonces, mientras ningún "informativo" televisivo revela qué condiciones se van a imponer a los españoles (ni pone el grito en el cielo porque el gobierno las oculte aún hoy) para que se puedan salvar bancos, se ofrece más tiempo en las escaletas de los telediarios a los éxitos deportivos de estos deportistas que a las negociaciones sobre las decisiones que van a hipotecar nuestro futuro y el de las próximas generaciones. El mensaje que se transmite es que es igual de importante

"Pero eso no es culpa del fútbol sino del uso que se hace de él", matizó mi amigo, no sin razón, al tiempo que aseguró que él y muchos otros distinguían una cosa de la otra. ¿Pero las distingue la población pese a los intentos del sistema de que no lo haga? Un buen puñado de colegas muy sensatos deseaban que Grecia ganara a Alemania en un partido de fútbol el pasado viernes, como si eso fuera a compensar de algún modo la aceptación de un rescate por parte de Grecia bajo las condiciones neoliberales impuesta por Alemania que ha terminado de quitar a los griegos prácticamente todos sus derechos sociales. ¿En qué pensarían los griegos? Muchos seguramente en lo mismo, cuando la "venganza" la debían haber ejercido en las urnas el domingo anterior. Que Grecia perdiera, dada la situación griega, es una excelente noticia para los griegos, cuyo sistema dispone de un argumento menos para engañarlos. Y en España sucede exactamente lo mismo. Mientras la mayoría de españoles confundan España con España, lo mejor será que España fracase. Por el contrario, cuando la ciudadanía de las mismas muestras de sentir afinidad con el próximo y de vencer a nuestros rivales en el día a día como en el fútbol, yo seré el primero en celebrar todas las victorias. Hasta entonces, cuando antes y peor acabe esta tomadura de pelo, mejor para todos.

PD: Casualmente esta mañana un jugador de España ha subrayado la diferencia entre el equipo de fútbol y España al señalar que los jugadores tenían "dos razones más para ganar la Eurocopa". Ninguna de ambas tenía nada que ver con la situación del país del que toman prestado el nombre, sino la muerte reciente de dos figuras del mundo futbolístico, de lo suyo. Otra de las razones, obviamente, son las primas que recibirán en caso de ganar (por estar en las semifinales ya van a cobrar). Julià Álvaro animó recientemente a los jugadores, a través de un interesante artículo, a donarlas a una buena causa. Yo realmente, no lo espero, aunque sí deseo que, si tienen éxito, esta vez se imponga la sensatez y no se diga que los futbolistas son "un ejemplo para los jóvenes" de nada que no sea jugar al fútbol. Lo sé, también espero demasiado.
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