05 junio 2012

El lupanar de Fabra


Aguirre Fabra y Mas se disputan la ubicación de Eurovegas.

“Daremos nuestra ayuda a quien haga falta y donde haga falta para que este proyecto tan necesario sea una realidad”. Las palabras eran de Alberto Fabra y las lanzaba al tiempo que el jurado de los Premios Rey Jaime I denunciaba la falta de apoyo a la ciencia en España. Cualquiera pensaría que el presidente de la Generalitat hacía referencia  a revitalizar las investigaciones —que no los desmanes ocasionados por los antiguos enchufados del Consell— en el Centro de Investigación Príncipe Felipe (citado en el parlamento del jurado), pero no. El proyecto que Fabra considera "tan necesario" es el mismo al que Mario Vegas, presidente de Kutxabank, calificó días atrás (en la que está considerada por muchos como la única verdad dicha por un banquero español en años) de "casa de putas": nada menos que el proyecto de Eurovegas.

Eurovegas, ya lo sabrán, es un macroproyecto para establecer en Europa un complejo de casinos a imagen del de Las Vegas. Su impulsor, Sheldon Adelson, simplemente exige para instalarlo que se le permitan ciertas licencias, como pasarse por el forro el estatuto de los trabajadores, estar exento de pagar a la seguridad social y otros beneficios fiscales, así como la construcción de infraestructuras que faciliten el acceso al complejo. En definitiva, los gastos los pone la administración receptora (un estudio realizado por ATTAC respecto al coste público del proyecto en Alcorcón señala que no bajarían de los 2.500 millones), mientras que los beneficios se los llevarían los gestores del modelo impulsado por la mafia estadounidense a mediados del siglo pasado. A cambio, los valencianos, podrían ser mano de obra en régimen de semiesclavitud directamente en los casinos y hoteles, o indirectamente, como carne del lupanar.


Lejos de que las presuntas "ventajas" —que los terrenos de Marina d'Or y el inédito Mundo Ilusión ya están recalificados para un uso similar o que el aeropuerto de Castellón (pese a su distancia del complejo) podría contarse como una de sus infraestructuras— no hagan sino señalar anteriores proyectos ruinosos impulsados por o con el beneplácito de Fabra y su predecesor Francisco Camps, lo que más alarma de la insinuación del presidente de la Generalitat es la evidencia del concepto que éste y su equipo de gobierno tienen de la ciudadanía valenciana. Acosados por el paro, rodeados de viviendas vacías y vecinos ahogados en la trampa de la burbuja inmobiliaria, y padeciendo ya en nuestras carnes las consecuencias del despilfarro en grandes eventos y proyectos fallidos (de los que ahora empezamos a pagar las facturas) y la apuesta por sectores no competitivos como la construcción o el turismo de sol y playa (incapaz de disputarse a los turistas europeos con la oferta de territorios como el norte de África o Europa del este); lo que Fabra ofrece a su pueblo como solución a sus problemas (además del Parque Ferrari) es más de lo mismo, en peores condiciones, y evitando al beneficiario que contribuya con parte de sus ganancias al bienestar de sus conciudadanos. A la vista del concepto que de nosotros tiene nuestro propio presidente, lo sorprendente es que todavía le extrañe a alguien que por ahí se nos tome a los valencianos por idiotas. Por si acaso, y a la vista de los precedentes, no descarten enviar a sus hijos e hijas a clase. Trabajo —dicen— habrá "casi seguro".
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