12 junio 2012

El dinero de los pobres sí, mi respaldo no


Fabra y Blasco, ante un cartel que reza "Gracias por confiar".

21 meses. Ese es el tiempo que ha pasado entre la fecha en que saltaron a la luz las primeras informaciones hablando del desvío por parte de la Generalitat Valenciana de fondos públicos destinados a cooperación al desarrollo, a un entramado de empresas (que lo primero que se supo es que compró pisos en Valencia, aunque a posteriori se conoció que también apartamentos y aviones y yates en Miami), hasta que ayer, el que fuera conseller del ramo y actual portavoz del grupo del PP en Les Corts, fuera "invitado" a apartarse de su cargo.

Ni fulminado, ni repudiado. Rafael Blasco ha tenido que apartarse voluntaria y temporalmente —así lo han anunciado, hasta que su imputación se haga efectiva—, después de que dos presidentes de la Generalitat —el que puso a Blasco en el cargo en el que se urdió el presunto saqueo, y el que sucedió al anterior cuando aquel se vio forzado a defenderse de una acusación de presunta corrupción— no se hayan atrevido a quitarlo del medio, ni del partido que presiden, ni del grupo parlamentario en el que su gobierno se apoya.


A Francisco Camps le dio igual que regularmente aparecieran en la prensa nuevas revelaciones —desde las que desvelaban que el dinero que los valencianos donaron a las víctimas del terremoto de Haití se las quedara el entramado, a las que revelaban que en la cúpula de este se ubicaba el mismo empresario que ya había participado de otras concesiones motivo de escándalo de anteriores consellerías dirigidas por Blasco—; él ya tenía bastante con lo suyo, y quizás tampoco era el más indicado para dar lecciones de ética a nadie o exigir que asumiera responsabilidades. Pero con Alberto Fabra tampoco cambió la cosa.

El día después de que el de Castellón se hiciera aparentemente con el control absoluto del PP valenciano, el levantamiento del sumario del caso revelaba cuanto menos la cercanía de su portavoz en Les Corts con la cúpula del entramado que recibió el dinero que la consellería debía haber dirigido a lo que ellos llamaban "Negrolandia". "Hay que priorizar lo nuestro antes que lo de los negratas", recogen las grabaciones transcritas en el sumario, pero ni esto era suficiente para que Fabra fulminara a Blasco.

"Voy a ser inflexible con la corrupción" ha dicho en repetidas ocasiones el presidente valenciano, pero otras tantas sus hechos han demostrado lo contrario. Blasco ha tenido que caer de maduro, empujado por una imputación, pero por una imputación recibida durante el mandato de Fabra. Ninguno de los otros diputados del PP valenciano imputados en causas de corrupción (Ricardo Costa, Yolanda García, Milagrosa Martínez, Angélica Such, Vicente Rambla y David Serra, en el caso Gürtel; Sonia Castedo y Luis Díaz Alperi, en el caso Brugal; y Pedro Hernández Mateo en diversas causas, si no olvido a algún otro) se ha visto forzado a abandonar el partido. Estos nueve más Blasco, fuera del PP, dejarían a Fabra con la misma fuerza en el parlamento valenciano que al conjunto de la oposición. ¿Es eso lo que pretende evitar el presidente de la Generalitat con su evidente flexibilidad ante la presunta corrupción en sus filas?

Por lo pronto, entre el levantamiento del sumario y la "invitación" a marcharse de ayer, Fabra premió indirectamente a Blasco con el nombramiento (con el apoyo de todo el grupo popular y parte también del del PSOE, que se garantizó así colocar a su candidato) de la mujer de éste —la criticadísima directora del IVAM, Consuelo Císcar— como miembro del Consejo Valenciano de Cultura. Y es que en el País Valencià, el destino del dinero público para los pobres podrá acabar en un entramado corrupto, pero el respaldo y el inquebrantable afecto del PP a los suyos se mantiene —aunque todo alrededor se hunda— fuera de toda duda.
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