21 septiembre 2011

Mejor cerrados


Desde hace semanas cualquier ciudadano que atraviese por la noche el puente de l'Assut de l'or observará una curiosa estampa: la de los edificios de Calatrava, antaño más brillantes que la luna, ahora solo iluminados por la luz anaranjada de las farolas del borde del río. Lo lógico y bonito sería pensar que nuestros gobernantes han entrado en razón y que tanto dispendio lumínico quizás era innecesario; aunque las periódicas y cada vez más habituales noticias de impagos del Consell invitan a pensar que no hay luz porque no se puede hacer frente a la factura (al igual que en el mismo marco, el Ágora no tiene sus previstas alas por el mismo motivo y no por la inutilidad de estas y el resto del conjunto).

No obstante, la oscuridad del entorno hace brillar en él un pequeño rincón del complejo. Se trata de una porción del Umbracle, su lujoso mirador, al que los administradores públicos decidieron sacar rendimiento. ¿Cómo? Alquilándolo a una empresa privada para que en él se montara una hortera discoteca al aire libre en la que pijos y wannabes valencianos se esnifaran la noche. Mi modelo de ocio es otro, lo reconozco, pero aunque sospecho que la cesión no será todo lo ventajosa para las arcas públicas que podría ser, la solución me parece perfecta.


"¿Hemos creado un espacio inútil que nos cuesta un pico de dinero público? Reconvirtámoslo en otra cosa y tratemos de sacarle partido", pensaría alguna de las mentes preclaras (que alguna debe haber) del entorno del Consell. Pero lamentablemente, la idea se quedó allí. ¿Cómo si no no hay aún propuestas de rendimiento constante para sacar partido a ocurrencias ruinosas como el Palau de les Arts, el aeropuerto de Castelló, los estudios de la Ciudad de la Luz o el citado Ágora? Alguna cosa hay, cierto. El Palau se alquila para bautizos y comuniones de ricachones, pero sus salas están infrautilizadas con una millonariamente deficitaria y elitista programación operística, cuando podían albergar conciertos de todo tipo alquiladas a promotores locales. El "aeropuerto (a 40 kilómetros) de Castellón", deficitario antes de su estreno oficial y que promete números rojos indefinidos, podría reciclarse en centro comercial con ventajosos alquileres, pues está casi en medio de la nada. El Ágora, a su vez, podría por lo pronto alquilar su perfil para colocar publicidades gigantes y rivalizar con la fachada del Corte Inglés. Y la Ciudad de la Luz... Bueno, hay cosas que no tienen remedio.

Pero en todo caso, antes que albergar a simpatizantes del "partido" con sueldos millonarios y una manifiesta incapacidad para sacarles beneficio alguno, mejor pagar a un par de guardias de seguridad y otros tantos operarios de limpieza, y tenerlos cerrados. Al menos así tendrían el mismo uso principal que tienen ahora, el de ejercer de gigantescos recuerdos de la inutilidad de unos gobernantes con nombres y apellidos; pero nos saldrían mucho más baratos. Y hay que recortar, ¿no?
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