14 septiembre 2011

Antes la muerte


Les hablo de memoria, pero no cabe duda de que, si con el dinero que se puede recaudar en un año no alcanzaría para pagar los 320 millones que los valencianos debemos al ICO por la dársena para la Copa América, en un par de años zanjaríamos esa deuda y además podríamos pagar también los más de 90 millones que cuesta el inútil Ágora de Calatrava y olvidarnos de él y los intereses de demora que genere. Si esto no nos convenciera, también podríamos optar por destinar el dinero de un año a pagar, no solo los también más de 90 millones de euros que aún hemos de costear por la realización del circuito urbano de Fórmula 1, sino también el desorbitado canon anual pactado con Bernie Eccleston para que la carrera se dispute en Valencia hasta el año 2014. Y si esto no les parece fino, podría destinarse el montante de dos años a zanjar los 328 millones que estamos pagando —más los intereses de demora que genera— por el Palau de les Arts y un buen puñado de temporadas con la mejor programación operística. Al fin y al cabo, es la gente pudiente —también los ciudadanos de a pie, aunque haciendo sacrificios— la que puede acceder a estos eventos de lujo en los que nos comprometió el nefasto gobierno de Francisco Camps y que han dejado las arcas públicas valencianas en números rojos.

Pero no, como anunciaba el lunes Alberto Fabra, la situación puede ser todo lo crítica que se quiera, pero los que más tienen no tendrán que arrimar el hombro volviendo a pagar, no un impuesto nuevo, sino uno que pagaban hasta hace cuatro días. "¡Antes la muerte!" le faltó decir al flamante President de la Generalitat ante un complacido grupo de miembros de la Asociación Valenciana de Empresarios. Estos dicen representar al empresariado valenciano, aunque a uno le resulta difícil creer que exista un solo propietario de una mediana o pequeña empresa (de las miles afectadas directa o indirectamente por los impagos de la Generalitat) que haya asistido con satisfacción a la renuncia del Consell a recaudar los aproximadamente 215 millones de euros anuales de ingresos que supondría para los valencianos la recuperación del impuesto sobre el patrimonio. Un impuesto, no lo olvidemos, que solo paga una mínima parte de los ciudadanos con mucho, pero que mucho patrimonio.

Así pues, mientras funcionarios cualificados de la administración valenciana se van a la calle por decenas "porque no hay dinero"; centenares de empresas echan el cierre, reducen personal o dejan de pagar a trabajadores y proveedores porque no les llega lo que les debe la Generalitat; y los intereses por la deuda generada en años de despilfarros en "grandes eventos" y aún más grandes inutilidades —aeropuerto de Castellón, estudios de la Ciudad de la Luz, Terra Mítica, etc.— no paran de crecer, pues las deudas no se saldan; Fabra se posiciona donde le dice el PP: los ricos no se apretarán el cinturón para que salgamos de la crisis. Pues eso, muerte.
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