08 junio 2011

A ver si nos vamos a contagiar



Ayer a mediodía, el informativo de La Sexta, la única televisión privada progre del estado, dedicaba cerca de un minuto de su tiempo a enseñarnos cómo de salvajes eran los tigres de un zoo estadounidense. Bueno, la situación exacta de los tigres, que nos mostraban atacando unos vehículos, quizás no era esa, pero no le dediqué mucha atención porque la noticia me importaba un bledo. No obstante sí que me llamó la atención que el mismo informativo dedicara menos tiempo poco después a contar a los espectadores cómo la ciudadanía islandesa ha sentado a su ex primer ministro en el banquillo, acusado de negligencia a la hora de abordar la crisis que ahora padecen.


La noticia del juicio islandés tenía mucha más enjundia que la otra, pero lo cierto es que tanto en La Sexta con los leones, como en el resto de medios con cualquier otra sandez, la relegaban a un tema de fondo. Y resulta llamativo, ¿porque no es Islandia un país europeo? No sé, quizás tiene pocos habitantes, alrededor de 330.000, pero si dos de los "valores noticia" que nos enseñaban en la escuela de periodismo para apreciar la noticiabilidad de un asunto eran la cercanía y la existencia de una afinidad, con Islandia tenemos muchas. La principal, quizás, el origen de lo que están sufriendo: allí se desarrolló una espectacular especulación financiera, desatada en los tres grandes bancos de su país, y que derivó también en otros sectores, enmascarando positivamente los índices económicos del estado. Quizás por ello, por unos generar unos índices muy lucidores (presumían de que la economía crecía una media anual del 5,5%), aunque se notaba que todo era una burbuja sin base de ningún tipo, el gobierno no tomó medida alguna para frenar el furor de los especuladores. Y cuando la crisis financiera estalló a nivel mundial, encontró en Islandia y todos sus ciudadanos a unas de sus primeras víctimas en Europa.

Les suena a algo cercano, ¿no? La diferencia respecto a España, es que en Islandia los ciudadanos salieron a la calle hasta forzar la dimisión de su primer ministro —Geir Haarde, al que ahora se juzga—, dieron mayoritariamente su apoyo en las consiguientes elecciones a partidos de izquierdas; y les exigieron que, para salir de la crisis, tomaran medidas de izquierdas (la primera fue destituir al neoliberal presidente del banco central islandés), tomar las decisiones fundamentales por referéndum (como los dos que se realizaron para decidir si devolvían o no la deuda contraída por los tres bancos privados —ahora nacionalizados— con el Reino Unido y Holanda, y que se resolvieron con sendas negativas), y que se iniciara una asamblea constituyente para establecer un nuevo marco legal para el país. Y ahora, además, han empezado a juzgar al primer ministro que contribuyó e hizo la vista gorda a lo que padecen ahora.

¿Es o no para contarlo? Pues en España parece que no. Quizás los amos de nuestros medios de comunicación teman que tales iniciativas puedan contagiarse. Curiosamente, el nuevo gobierno islandés también ha planteado crear un marco jurídico para proteger la libertad de información y de expresión, y hacer del país un refugio seguro para el periodismo donde se protejan fuentes y periodistas. ¿Qué tratarán de evitar?
Publicar un comentario