11 mayo 2011

Bodas, bautizos y comuniones


"Es el resultado patético de una política faraónica y enloquecida". Así calificaba ayer la candidata de EUPV a la presidencia de la Generalitat, Marga Sanz, el hecho de que el Palau de les Arts se haya abierto a la celebración en sus instalaciones, de banquetes de bodas, tras salir a la luz pública que el futbolista valenciano del Real Madrid, Raúl Albiol, celebrará en ella el banquete de su enlace. Sin embargo, en esta ocasión he de manifestar mi desacuerdo con Sanz. Que el Palau de les Arts, que ha costado alrededor de 1.000 millones de euros a los valencianos aún por pagar, y que alberga en la actualidad una programación supuestamente prestigiosa (los precios de los tickets no permiten a un servidor dar fe de ello) en su calidad, pero ínfima en su cantidad, ahora sirva de sede para bodas con la finalidad de compensar el enorme déficit anual que genera en las arcas públicas, no es "una vergüenza"; es, al contrario, el broche de oro a la obra, la guinda definitiva para que la obra faraónica de Francisco Camps para el pueblo valenciano alcance su principal objetivo.

Porque qué sino convertir nuestras calles en un escenario de prensa rosa perseguía el gobierno Camps. Nos quería poner en el centro del mundo, y a ello fió millones de euros de nuestros impuestos pasados y futuros. Así en los últimos años, los valencianos de a pie hemos podido ver, siempre desde una distancia prudencial y detrás de una valla, cómo los yates de los multimillonarios se acercaban a nuestras costas para ponerse hasta arriba de productos Lidl mientras disfrutaban de la Copa América; cómo un río de pijazos asistía a la fiesta de Prada en el Mercado Central, y otro a la previa de la primera prueba de Fórmula 1 (cuando aquello todavía parecía que iba a ser un negocio, y no una ruina); también nos hemos enterado por la prensa —incluso por la progre, que albergó suplementos "de encargo" de los que liman asperezas con el poder— que la Onassis, la Casiraghi o la infanta Elena vinieron a dar saltos con sus caballitos en el sarao ese de la hípica; incluso tuvimos un estreno de una James Bond en el Palau de les Arts; por no hablar de la visita de su mismísima Santidad, recibida y tratada con mimo por Crespo y Pérez, el equipo de confianza del mismísimo presidente... Y ahora, el Palau de les Arts empezará a albergar bodas! ¡Empezando nada menos que por la de Albiol! ¿Quién mejor que esta figura, representante de las esencias valencianas a imagen del PP, para inaugurar este nuevo uso del Palau? Los famosos, las estrellas de la prensa del corazón, han salido del papel couché y ahora pisan nuestras calles; y muchos valencianos medios, igual que las pobres desgraciadas que, con una mezcla de incultura, resignación e ilusión, leen la prensa rosa para olvidarse de su triste día a día, disfrutarán ilusionados con ello; a pesar de que su vida vaya a transcurrir, si todo ese despilfarro no se detiene, en una Valencia cada vez más inhabitable. ¡Vivan los novios!
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