10 mayo 2011

Bildu no se presenta en su pueblo



No, Bildu no se presenta en su pueblo, ni ha presentado listas para las Cortes valencianas (aunque les resultaría difícil presentar alguna incluyendo más imputados en causas judiciales que las de otros partidos en liza). Y tampoco, aunque parezca mentira, se presenta Zapatero. Lo digo porque parece que hay dudas. Las tuvo el candidato por el PP Francisco Camps, que tardó escasos 60 segundos en nombrar al presidente del gobierno cuando se le preguntó por "las señas de identidad valencianas" en su primer turno de palabra en el pseudo debate realizado el pasado viernes en su televisión privada a costa del dinero público; y reincidió en la confusión al día siguiente al atacarlo de nuevo mentando incluso a los antepasados de aquel en un mitin. Y no solo Camps se confunde. También su número 2 por la lista del PP en la provincia de València y candidata a la alcaldía del cap i casal, Rita Barberá, señalaba junto a un Camps sorprendentemente enérgico para su presunta convalecencia —lo vieron estos ojitos en vivo—, que había que votar al PP para frenar la amenaza de ETA que representaba que las listas de Bildu se puedan presentar a las municipales vascas. Y a la mañana siguiente, antes de una acto electoral, volvía a arremeter con el tema.


Pero no, en estas elecciones ni se vota contra Bildu, ni contra Zapatero. A Bildu, lo que usted o yo votemos en Picanya, Gandia o El Cabanyal, se la trae al pairo, y al futuro ex presidente del gobierno, que ya parece haberse arreglado lo suyo, ni les cuento. No, lo que se vota aquí son otras cosas. Por ejemplo, si tratamos de garantizar un colegio público para nuestros hijos, sobrinos o nietos, o decidimos tentar a la suerte a ver si le toca aula o barracón, estudiar en la lengua que queramos o en la que quede. Votamos si queremos acudir a nuestro ambulatorio u hospital público con la certeza de que se nos tratará de un modo rápido y efectivo, o jugarnos de nuevo a la ruleta si nos envían por fortuna a una habitación en un centro privado concertado, o al pasillo de uno público cada vez más desatendido (y quizás, si se sigue sin pagar a los proveedores, sin medicinas ni material sanitario). Votamos que nos dejen ir a todos con el coche hasta donde nos de la gana, con atascos y con aparcamientos de pago, o tener un transporte público digno, desde los trenes de cercanías a los autobuses de línea. Votamos ladrillo o verde, público o privado, medios de comunicación libres o propagandísticos pagados con el dinero de todos...

Y también cosas más banales. Votamos los próximos conciertos del pueblo, las fiestas, si el presupuesto se gastará en hacer cosas que disfrutemos muchos o solo unos pocos... hasta que se pueda volver a hacer paellas en la universidad depende en buena parte del voto. Y claro, también votamos que se nos siga mirando a los valencianos como si fuéramos estúpidos cada vez que salimos fuera de nuestras fronteras, o empezamos a parecer un poco más sensatos. Si nos da igual tener representantes que meten la mano en el cazo o damos la oportunidad a cualquier otro que aún no haya demostrado por activa o por pasiva que es un sinvergüenza. Eso, y no contra Zapatero ni contra ETA, es lo que se vota el 22M, aunque algunos se confundan o quieran confundir a los más incautos. No piquen y hagan lo que esté en su mano para que tampoco piquen los demás.
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