21 marzo 2011

Falta tensión



Ustedes me dirán lo que quieran, pero a mí me parece que, para estar a dos meses de las próximas elecciones autonómicas y municipales en nuestras tierras falta tensión. Hace un rato lo recordaba con un colega, como si hubiera pasado ayer. "¿Recuerdas las últimas autonómicas? Sí, la balanza estaba claramente inclinada, pero había esperanzas de cambio, aunque fuera de carambola. Sí, había pelea. Había dos posturas enfrentadas, la apuesta por el despilfarro y los eventos, y la social y el progreso modesto que proponía el resto, cada uno a su manera. La verdad es que nos tangaron. Sí, menudas encuestas aquellas (risas). Es que el cambio parecía posible. Pero es que había pelea. Hubo gente que creyó que hasta Carmen Alborch podía hacer algo frente a Rita. Sí, ¿recuerdas aquellas fallas? ¿Con Alborch y la geganta? Sí, y estas, con Calabuig, ni gegant, ni cabut". Y así hemos estado riendo un rato, recordando y comparando, aunque la cosa no tenga mucha gracia.


Y es que a falta de tan solo dos meses para las elecciones autonómicas (las municipales también tienen los suyo, pero también tantas particularidades como localidades hay en liza) en las que se decidirá quién asumirá las riendas del País Valencià durante los próximos cuatro años, los ciudadanos, y particularmente aquellos que desean un cambio en las personas y los modos que tienen a nuestra autonomía en la deprimida situación en que se encuentra, tienen pocos motivos para el entusiasmo y la esperanza. Porque encuestas al margen, y a pesar de la citada depresión y el hedor a corruptela que desprenden los favoritos a la reelección (además de su manifiesta incompetencia para situar a nuestra tierras en un plano más favorable que resto del Estado), la oposición no acaba de postularse como una alternativa firme a aquellos. En primer lugar porque desde el PSPV, por los que a día de hoy pasa necesariamente el encabezar la alternativa, no se ha ofrecido un discurso —corrupción al margen— diferente al de los que ahora gobiernan. En el segundo, porque Compromís y Esquerra Unida tampoco han dado hasta ahora con la clave como para hacer olvidar a los anteriores o suponerles una amenaza a convertirse (en cualquiera de los dos casos) en la fuerza política hegemónica del progresismo en la autonomía. Por lo pronto, el punto de partida es el mismo que el de hace cuatro años: la única manera de alcanzar el gobierno sería con la suma de todos. Pero podría ser peor, porque además de las animadversiones, la mejora de los resultados propios parece pasar por el descalabro del rival. Y si unos y otros esperan eso, estamos apañados. Pónganse las pilas, por favor.
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