02 febrero 2011

¿No se entera? Perfecto


Millones de ciudadanos de varios países árabes se manifiestan estos días en las calles en un intento por derrocar sus gobiernos autoritarios, y nosotros seguimos el bombardeo de noticias sobre las revueltas democráticas con los ojos pegados a las pantallas. Asistimos a un momento histórico se nos dice, y tiene toda la pinta de serlo. Pero, aunque nos alegramos enormemente por el alzamiento popular, atendiendo a lo que nos cuentan los medios de comunicación, resulta difícil entender qué está sucediendo exactamente. Obviando la lectura simplista y errónea —pero no por ello menos extendida— que establece un símil entre países árabes y países no democráticos, lo que resulta más curioso de todo el asunto para cualquier ciudadano occidental que se considere mínimamente informado, es observar cómo los medios de comunicación y nuestros gobernantes ven ahora tiránicos dictadores donde hasta hace escasas semanas había gobernantes con los que manteníamos una relación estupenda. ¿Cómo es esto posible? ¿No eran malos antes y ahora sí lo son? ¿Por qué? ¿Por qué los ciudadanos se han alzado en este preciso momento? ¿Y por qué en estos países y no en otros?

Yo, se lo confieso, tampoco sé demasiado, pero si hago un poco de memoria, me da para recordar que las primeras revueltas comenzaron a finales de diciembre en Túnez y Argelia por el encarecimiento excesivo de los alimentos de primera necesidad; un problema que, junto al hecho de estar regidos por regímenes autoritarios, relaciona a ambos países con Egipto, Jordania y Marruecos, a donde se han trasladado las protestas (excepto, por ahora, el último caso). Casualmente, estos cinco países también tienen en común formar entre ellos un área de libre comercio y que sus gobernantes mantenían una estrecha colaboración con la política exterior estadounidense, al tiempo que obedecían y aplicaban en sus territorios los dictados del Fondo Monetario Internacional. Establecer estas simples relaciones seguramente ayudaría a entender por qué el encarecimiento de los alimentos ha afectado tanto a estos países, cuál es el origen del malestar de los ciudadanos, por qué los regímenes dictatoriales se han prolongado durante tanto tiempo sin protesta internacional occidental alguna (y por qué ahora mismo solo hay tibias declaraciones), y por qué las revueltas se han extendido de unos países a otros con tanta facilidad.

Sin embargo los medios centran su atención en lo anecdótico. Ya ni siquiera nos cuentan si ha bajado el pan (y si lo hacen es para decir que no, pero que da igual). Esta es la "revuelta de twitter", "están cortando internet", la preocupación es que "no gobiernen islamistas radicales" (inciso: ¿son el PP cristianos radicales?, ¿debería preocuparnos?), nos cuentan, mientras se relata también con absoluta naturalidad como desde EEUU o desde la Unión Europea "se vería con buenos ojos" que este o aquel político, que durante décadas estuvo exiliado o que incluso formó parte del régimen que se pretende derrocar, tome las riendas del futuro gobierno, pasando absolutamente por alto la voluntad de los millones de manifestantes que, eso sí, componen unas estampas estupendas que describimos con emoción. Todo apunta a que de nuevo —como en Polonia o Rusia, por citar ejemplos célebres—, cuanto menos sepamos y más cale esta lectura superficial, más fácil es que se imponga otro régimen que nos ponga las cosas fáciles, independientemente de que los deseos de los ciudadanos sean ignorados y pisoteados, y su futuro siga torcido. Porque, en el fondo, ¿se está usted enterando de algo con lo que le cuentan? ¿No? Estupendo.
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