14 febrero 2011

¿El modelo de Rajoy?



Los informativos de TVE no son perfectos. Y su defecto fundamental es uno: parecen planteados para reforzar el modo de entender la realidad que conviene al sistema. En lo político estatal, se apuesta claramente por consolidar el bipartidismo, discriminando a terceras opciones políticas —con la salvedad de los partidos nacionalistas de corte conservador— que, si reciben atención, muchas veces es en condiciones en que se señale su inferioridad (ya sea mediante el uso de terminología adversa —la apostilla "minoritario" es un clásico— o de la misma imagen). En lo económico, mediante la interpretación de la economía desde una perspectiva ultraliberal, como si se tratara de la única opción posible. En lo internacional, mediante el refuerzo de los clichés que los españoles tienen de la política exterior de acuerdo a los intereses en otros países de las grandes corporaciones de raíz española (por ejemplo, preocupan los presos políticos cubanos, pero no los colombianos, lo que resulta absolutamente ilógico).

Señalo aquí, por si ya hay alguien ansioso, que en estas páginas también miramos y comentamos la realidad de nuestro entorno desde prismas muy concretos, pero la diferencia es que esto no está costeadas con dinero público ni se vende o pretende alcanzar una presunta —aunque imposible— objetividad. A la radiotelevisión pública española sí se le presupone el esfuerzo, y por eso duele, y hay que señalarlo. Nos gustarían informativos mejores. No obstante, no hay día que conecte con el ente público español, especialmente con las emisoras de Radio Nacional, en que no piense en el retroceso que supondría, en el terreno de la pluralidad informativa, el regreso del Partido Popular al gobierno del estado. Seguro que, si son oyentes de Carne Cruda en los mediodías de Radio 3, o de Asuntos Propios de Radio 1, me entenderán perfectamente. ¿Creen concebible que, gobernando Mariano Rajoy y los suyos, se permitirían en la radio pública críticas hacia su trabajo como las que a diario se vierten, para salud de los oyentes y del país en general, desde estos programas? Hasta el magazín En días como hoy, más moderado, simplemente por abrir su espacio a todo tipo de ofertas culturales independientemente de colores o intereses empresariales, supone una ventana de aire fresco.

Frente a este avance no solo está la memoria de la bazofia partidista heredada de las dos legislaturas de gobierno Aznar, no. Está la realidad presente de la manipulación torticera e impúdica (amén de ruinosa) de los popularistas en el ente público valenciano, utilizado partidistamente hasta la náusea y sin apenas un margen para el más mínimo debate o pensamiento plural. No existe. Es su tele un pesebre para sus afines y el suyo un mensaje monolítico, planteado desde el maniqueísmo más pueril en el que los buenos son los del PP, y el resto, con Zapatero como el supervillano, los malos y causantes de todas nuestras miserias (que son muchas más, pese a todo, de las que nos cuentan). No hace falta que se lo describa, pues lo conocen de sobra, pero no está de más recordarlo y también tenerlo presente. Porque si ante este presente Mariano Rajoy guarda silencio; e incluso al contrario, en lugar de censurar desvergüenzas como esta, alienta a los suyos y permite que se reivindiquen —como hacía Paula Sánchez de León el pasado sábado—como los adalides del juego limpio en materia de comunicación; el futuro que se nos presenta en materia informativa y libertad de expresión de llegar el gallego a la Moncloa se presenta negro. Yo, si me preguntan, es lo que más temo. Al fin y al cabo, es el fascismo.
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