12 enero 2011

Suicidio político y vida eterna

"¿Qué puede llevar a un gobernante a acometer su suicidio político? Seguro que alguna vez se lo han preguntado, especialmente en los últimos años observando la senda autodestructiva emprendida por José Luis Rodríguez Zapatero. Resulta obvio que el líder socialista sabía lo que sus votantes esperaban de él y de un gobierno progresista —solo hace falta hacer memoria sobre sus promesas durante la campaña de su última reelección y su parlamento tras lograr la victoria—, y es también evidente que sus actuales decisiones no tienen absolutamente nada que ver con una cosa ni con la otra. Es más, ante la crisis actual, generada por la especulación financiera que lleva congénito el libre mercado y la globalización, y que suponía por tanto una oportunidad para aplicar y demostrar la validez de las políticas de izquierdas, Zapatero no ha dado a estas políticas, las que se suponía que eran las suyas, ni una sola oportunidad. Desde el primer día, todas y cada una de las recetas que ha aplicado son las propias de la doctrina neoliberal (y, cabe señalarlo, así nos va). Obviamente, a poco que sus votantes sean un poco espabilados, Zapatero estaría políticamente muerto. ¿Quién vota al que le engaña y le traiciona sistemáticamente? Ahora bien, si Zapatero es el que manda, cabría preguntarse por qué en lugar de aprovechar la oportunidad para defender aquello en lo que cree, opta por hacer lo contrario garantizándose al tiempo que perderá la oportunidad para gobernar de nuevo."
Hasta aquí la mitad de Suicidio político y vida eterna, mi columna -redactada ayer en estado medio febril- de hoy en l'Informatiu. Pese a todo me parece que no me quedó del todo mal, aunque hoy me sigo encontrando en el mismo estado. Si quieren sacar sus propias conclusiones pueden terminar de leerla siguiendo este enlace.
Publicar un comentario