15 diciembre 2010

Ya no queda campo

Citando a Javier Clemente —o a su guiñol, si es que él no lo dijo textualmente—, para definir la política del Consell respecto a los problemas que le competen durante todas las legislaturas en que ha estado el Partido Popular al frente del mismo, podríamos emplear su legendario "patapum p'arriba". Eduardo Zaplana aterrizó en la presidencia de la Generalitat en pleno remonte del ciclo económico y empezó a gastar en proyectos emblemáticos, terras míticas y ciudades de las ciencias (paradójicamente tras auparse electoralmente criticando el proyecto socialista original que a la postre habría sido más barato) como si no fuera a haber un mañana. Y posteriormente, su pupilo y después rival Francisco Camps, seguiría y potenciaría esa línea hasta hacer parecer al murciano un tacaño. Ambos dos, gastaban el dinero de los valencianos a espuertas en proyectos de dudosa rentabilidad (por ahora todavía ninguna), mientras que aplazaban a un futuro tanto parte del coste de este despilfarro, como la asunción de sus obligaciones y responsabilidades en aspectos menos vistosos pero quizás más necesarios (el fortalecimiento y modernización de la industria tradicional valenciana en sectores como el textil, el calzado, el mueble o el juguete; la construcción y mantenimiento de nuevos servicios públicos para atender la demanda de la ciudadanía, etc.).
Este es el principio de Ya no queda campo, mi columna de hoy en l'Informatiu, que pueden leer completa siguiendo este enlace.
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