29 julio 2010

Fachas y cansinos

"Mirándolo desde cierta perspectiva, se podría decir que el resultado era lo de menos. Porque lo que vimos ayer en el Parlament catalán es a una de las demostraciones más puras de democracia -aunque todavía muy lejos de las que se pueden vivir hoy en día por ejemplo en Bolivia- a las que hemos asistido en el estado español en mucho tiempo.

Para empezar se votaba una Iniciativa Legislativa Popular, lo que requería en el caso catalán la presentación de 50.000 firmas recogidas en un plazo de 120 días; un trámite que dificulta muchísimo la intervención directa de peticiones de los ciudadanos en todos las sedes parlamentarias y que las reduce a lo que los partidos políticos interpretan que interesa a los ciudadanos (algo que, como todos sabrán, no suele ser muy habitual). Y se llegó hasta esta votación porque antes se había decidido que se sometería a voto, pues para dificultar que lo que el pueblo pide a sus políticos pase el filtro de los partidos, estos realizan una votación previa sobre su interés (para ellos). Ese paso se superó y se llegó al de ayer. Y fue entonces cuando, rompiendo con la tónica habitual por la que se anteponen los intereses partidarios a la voluntad de los políticos -los representantes del pueblo a título personal-, los dos partidos mayoritarios, el PSC y CiU dieron un ejemplo democrático al permitir a sus parlamentarios decidir su voto libremente. El resultado, una fotografía del panel de votos en la que se rompían los monolíticos bloques de color por un mosaico anárquico mucho más fiel a la sociedad que representa."
Es el principio -la mitad, más bien- de Fachas y cansinos, mi columna de hoy en l'Informatiu (pueden leerla íntegra aquí).
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