11 junio 2010

Liquidación

"Antes de entrar al detalle he de aclarar que soy de la misma impresión que Pau Caparrós expresó aquí hace unas semanas a propósito de la idea -entonces posible- de fusionar Cam y Bancaja. Él decía que, teniendo en cuenta la misión social que deberían desarrollar las cajas, lo deseable ante una fusión sería que esta se realizara entre entidades de un territorio con una coyuntura social común; pero que, si el resultado de la fusión, lo único que iba a servir era para seguir financiando empresas descabelladas, deficitarios equipos de fútbol o macrourbanizaciones fantasmas, lo mismo daría que las cajas cerraran que se fusionaran con el Banco de Mozambique.

Lo malo, que Caparrós no apuntaba pero seguro que daba por sobreentendido, es que en las cajas ambas facetas se vienen uniendo desde tiempo atrás, y pocas entidades hay cuyos servicios no vayan en parte ligados a los intereses políticos de las autoridades de las comunidades autónomas donde se ubican, especialmente si éstas han cargado las tintas políticas en la elección de sus consejos de administración. La Comunitat Valenciana con Bancaja y la de Madrid con Caja Madrid, politizadas por sus respectivos gobiernos hasta el punto de convertirse en delegaciones del PP, son un claro ejemplo de esto último, pero al menos, aisladas, ofrecían un servicio a sus respectivos territorios.

Por eso hace semanas se temía la fusión/absorción de la CAM por Caja Madrid y por eso mismo es tan terrible que sea ahora Bancaja la entidad que sea engullida por la entidad que dirige Rodrigo Rato: porque, como decía Caparrós, su unión sí responde a un objetivo común, pero ése no es servir a un territorio o unos ciudadanos con intereses comunes, sino servir al PP y al centralismo español. ¿Pero cómo la cuarta caja de España, en una situación privilegiada, se ha dejado tragar por la segunda? Sencillamente, porque el que debía defender su autonomía ha preferido defenderse a sí mismo. Francisco Camps, hasta hace unos meses importante barón del PP, ha sido presa fácil de los deseos centralistas de la cúpula de su partido, que se ha beneficiado de su debilidad por los casos de presunta corrupción que le rodean por doquier y de su miedo a quedarse sin el respaldo de sus "compañeros", para exigirle que de vía libre a la pérdida de lo poco bueno que le quedaba a Bancaja, su territorialidad".
Es el principio (la mitad, más bien) de Liquidación, mi columna de hoy en l'Informatiu (pueden leerla entera aquí), que no podía hablar de otra cosa más que del regalo de Bancaja a Madrid para la gestación de la tan ansiada -por el PP como por todo el sistema centralista español- gran caja madrileña.

Hoy, el día después de que la Comunitat/Francisco Camps haya renunciado definitivamente a tener ninguna entidad financiera bajo su control (vascos, catalanes, andaluces o gallegos no han permitido que les suceda esto), produce cierto estupor leer la prensa "valenciana" y comprobar su nula independencia de ese poder "mesetario" para ofrecer una lectura en clave valenciana. En ese sentido cabe señalar que l'Informatiu nos hemos quedado solos. y sinceramente, no me duele prenda en señala nuestro artículo de portada, Camps regala Bancaja a Madrid, como el que mejor explica -en clave valenciana, insisto- lo sucedido ayer. Por si quieren darle un vistazo.
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