11 noviembre 2009

Y vuelta con la Copa

Así, a cinco columnas encabezando la portada de Levante-EMV de hoy.

"¿Pero a esta gente no le interesa otra cosa?" se preguntaría cualquier vecino sensato si en sus manos cayera un ejemplar de la prensa valenciana de hoy. Y es que tras el batacazo del tenis del pasado fin de semana, una de las noticias que se repite con mayor o menor importancia en las portadas de los medios de la capital del Turia es el posible regreso de la Copa América a la ciudad el próximo mes de febrero, en una breve versión de tres días que resolvería la situación anómala con que se cerró la última edición. El paro golpea aquí con igual o mayor crudeza que en el resto del país, debido precisamente a que en lugar de a animar a sectores productivos competitivos el esfuerzo público se destinó en épocas de bonanza a estos fuegos fatuos,;y el endeudamiento hace más agrios los problemas que tampoco se resolvieron en aquellas épocas, pero la masa -salvo honrosas excepciones- está más pendiente de estas cosas. O eso se pretende.

Resulta ciertamente meritoria la labor de los compañeros de la prensa que, como hace hoy Nadia Tronchoni en la edición para la Comunitat Valenciana de El País (al resto del país, con razón, todo esto le importa un bledo), tratan de explicar todo el asunto sin mencionar en ningún momento el trasfondo de toda la batalla y el baile de sedes: el dinero que se embolsa el defensor del título a cambio de llevar la prueba a esta o aquella ciudad. Esa es la clave para entender todo el enredo. Tras el fin de la Copa disputada en València, las autoridades locales trampearon junto al ganador de cara a amañar la prueba y que ésta siguiera aquí. Para el suizo Ernesto Bertarelli era un buen negocio: ya había sacado 80 millones de las instituciones valencianas y española por la disputa de la primera copa, iba a sacar 130 por la repetición, y a saber lo que caería por las siguientes, habida cuenta de que Ayuntamiento de València y Generalitat no cejaban en el empeño de asegurar a sus gobernados lo rentable que era la prueba para ellos (como se ha visto desde entonces, la Comunitat es la única que ha escapado de la crisis -risas aquí-). En cambio, las autoridades valencianas vieron pronto que el asunto no les resultaba nada rentable. El suizo, conocedor del compromiso de los políticos peperos respecto al electorado, les chantajeaba exigiendo más dinero por repetir (Rita y Camps aseguraron siempre que la Copa vino gratis y que si los suizos ganaban repetirían automáticamente, dos cosas rotundamente falsas), y como pronto comprobarían de manos de otros negociantes, por menos podían tener la auténtica Fórmula 1 -siempre vendieron la prueba marítima como un sucedáneo de aquella- y otros saraos que, como la Copa América, apenas generarían expectación, pero les podrían generar la ilusión entre la población más irreflexiva, de una ciudad y una comunidad epicentro de los 'grandes eventos'.

Que el patrón nortemericano del Oracle, al verse apartado de la posibilidad de pillar en un futuro cercano su parte del pastel, decidiera llevar a juicio al patrón suizo por el apaño hecho en València, no fue sino una bendición para las autoridades locales, que veían así su ruinoso compromiso roto. Ahora, veintiséis meses después de aquello, algunos dan por hecho que, pese a que Bertarelli deseaba trasladar la competición al emplazamiento que había pujado más alto por servir de sede (una prueba irrefutable de su fidelidad al cap i casal), València podría ser, por acuerdo entre los litigantes, el lugar donde se disputaría un desafío de transición para que la Copa América regresara tras él a la normalidad. Dicen también, que al ser por orden judicial y por común acuerdo de las partes, Valencia no debería pagar esta vez por albergarla. Ojalá sea así. Y después, adiós muy buenas.
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