20 octubre 2009

Pobre

Sería la niña que hacía doscientos a la que veía, sola o junto a amiguitos, pasando la tarde al borde de una carretera secundaria en el interior de Ecuador. Todos los niños me llamaban la atención, pero a ésta la recuerdo especialmente. Estaba sentada junto a su perro en una ladera y no parecía hacer otra cosa que mirar pasar las nubes desde uno de los puntos más elevados de la zona próxima al Quilotoa, a cerca de 4.000 metros de altura. La recuerdo porque pensé, al igual que al ver a otros niños, "pobrecilla". Allí estaba, viviendo de una forma extremadamente humilde en un lugar bastante inhóspito, al que faltaban meses para que llegara por primera vez el agua potable (yo acababa de visitar en un punto cercano un proyecto de cooperación que estaba construyendo la canalización que lo haría posible), con la única compañía de su perro, y con la única distracción de mirar el cielo. Pero la recuerdo especialmente porque al poco, prácticamente al instante, me pregunté también: ¿Y por qué pobre? Ante ella se desplegaba un veloz y espectacular desfile de nubes que pocos niños -y también escasos adultos- de mi país sabrían apreciar, necesitados como están de la innumerable lista de estímulos que la sociedad de consumo en que vivimos nos ha hecho esclavos. ¿Llenaría eso en buena parte su vida? Por un momento deseé que sí, que ese espectáculo y otros placeres similares lo hicieran, aunque pronto se cernió una sombra en mi ilusión. Entonces deseé que, en el caso de que tampoco les hubiera llegado todavía, la tele no llegara hasta allí nunca.

PD.: Este recuerdo de Ecuador se quedó en mi mente tras mi visita de este verano y hoy, leyendo uno de los textos de una amiga que anda ahora también por allí, se ha reavivado. Espero que no les moleste que lo haya compartido ahora que queda un poco lejos. De todos modos, ya ya que estoy con ello, aprovecho para anunciarles que acaba de salir el nuevo número de SUDversió, el boletín periódico de la ONGD Acsud Las Segovias País Valencià, con contenidos tan interesantes como siempre, y que incluye al final un fragmento de las experiencias del viaje que hice con ellos y MCCH este verano y que ya les conté por aquí. Espero que no desluzca el conjunto.
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