14 octubre 2009

Los chorizos y el bosque

Hace unos días una lectora dejó un comentario en uno de mis últimos textos que hizo revivir en mí una cuestión que me planteo en numerosas ocasiones. Decía Eva -que es como firmaba la amable lectora- que "asuntillos" como el de la trama Gürtel, que era el objeto de mi texto, no son más que árboles que nos impiden ver el bosque. Y digo que lo resucitó porque no han sido pocas las ocasiones en que, antes de sentarme a escribir sobre algún tema que levanta una importante polvareda mediática, me he preguntado a mí mismo si, de escribir sobre ello, no estaría contribuyendo a destacar un asunto que no es sino una cortina de humo para ocultar otros de mayor calado. Quizás por ello aquí no hable habitualmente ni de banderas, ni de estatutos, ni de pastillas del día después, ni de buena parte de la larga lista de desacuerdos que sirven a los dos partidos con mayor respaldo electoral -y a sus respectivos coros mediáticos- para escenificar que son superficialmente diferentes, aunque su fondo defienda el mismo bosque.

No obstante, no puedo sino discrepar respecto a la escasa importancia que Eva otorga a estos chorizos regionales que no nos dejan enfrentarnos a otros problemas de mayor calado. Cierto es que estos chorizos no son los que tienen la decisión final sobre asuntos de gran trascendencia mundial, pero también lo es que para la región en que gobiernan y el país en que ésta se integra, la aceptación y la tolerancia pública de los usos y modos de empleo del poder de los que esta panda hace gala, supondrían un paso atrás de difícil recuperación. Si los chorizos se asientan en el poder regional, si ascienden y exportan sus modos al poder nacional -como ya sucede en latitudes cercanas-, ¿qué ha de hacernos creer que finalmente no tendrán exclusivamente en sus manos responsabilidades aún mayores? Efectivamente, buena parte de las decisiones mundiales de mayor calado las toman ya organizaciones que obedecen a los intereses de unos pocos, pero peor sería que, desde abajo, y en lo que nos toca más cerca (y que por tanto podemos controlar mejor), lanzáramos el mensaje de que permitimos abiertamente que el poder pueda estar en manos de unos impresentables sinvergüenzas. Efectivamente, hoy por hoy, en la Comunitat Valenciana en particular, los chorizos no nos dejan ver lo desmejorado que está el bosque. Pero es que además buena parte de culpa de su estado es de los propios chorizos, son ellos los que tratan expresamente de impedirnos su visión, y para colmo se proponen, no sin cierto éxito, como ejemplo de "gestión" y de "honradez" extensibles al resto del Estado. ¿No es éste un asunto de suficiente entidad? ¿No constituyen en esta ocasión los chorizos el principio del mismo bosque?

La foto que ilustra este post, sin modificar, es obra de Carles Francesc para El País.
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