29 octubre 2009

De ellos no se ríen

Hoy el Partido Popular ha suspendido de militancia a Ricardo Costa tras presentarse en las Cortes y afirmar, ante los micrófonos de las televisiones asistentes al pleno, lo que desde hace días ya venían apuntando radios y prensa escrita: que pese a lo asegurado desde Madrid y no negado explícitamente por Francisco Camps (éste sólo pronunció un "ya está", como el niño malcriado que asegura haber hecho los deberes), él seguía ejerciendo de secretario general del partido en la Comunitat. Lo han expulsado no por serlo, pues en ese caso le podrían haber suspendido en cualquier momento desde el pasado viernes en que radios y medios escritos daban cuenta del engaño; sino por evidenciar, delante de las teles (si la tele no lo dice, el PP da por hecho que al pueblo llano no le llega), que todo fue una farsa. En definitiva, Lo han expulsado por dejar en ridículo ante toda España al Partido Popular, a su secretaria general, Dolores de Cospedal, y a su presidente Mariano Rajoy, al que no cabe duda que dentro del partido no faltan los que le toman por el pito del sereno.

En ese sentido no hay nada que reprochar. Si un tío, desde dentro de una empresa, no para de lanzar voces y desacreditar a los jefes, es normal que estos se deshagan de él. Sin embargo, sí resulta reprochable -y cuanto menos curioso dadas las circunstancias- que el Partido Popular ni se plantee expulsar de militancia a Francisco Camps. Porque si ridiculizar a un partido cuando se forma parte de él es motivo de expulsión, ¿no debería serlo también -si no más- el ridiculizar a la comunidad autónoma a la que uno se debe? Desde hace semanas e incluso meses, es público y notorio el ridículo al que Francisco Camps está arrastrando a la Comunitat y sus ciudadanos, asociados a la caricatura que de él hacen todos los medios y a la que él mismo representa. Lo lógico, si el fin del Partido Popular fuera ofrecer lo mejor a los ciudadanos allá donde gobernara, sería que hubieran suspendido también de militancia a Camps sólo por haberse convertido en el hazmerreír de España (al margen de eso, obviamente, sobran los motivos). Pero al no ser así, es también lógico deducir que ofrecer lo mejor a los ciudadanos no es el fin del Partido Popular. Ligando una cosa con la otra, no cabe sino concluir que lo que más interesa al Partido Popular es el mismo Partido Popular. Los ciudadanos, en este caso los valencianos, para ellos son lo de menos.

La foto que encabeza la entrada, sin modificar, la firmó José Cuellar para El Mundo.
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