10 septiembre 2009

La España ejemplar

Como los más fieles de estas páginas virtuales sabrán, anduve por Ecuador el pasado mes en lo que era mi primera visita a Latinoamérica y mi aterrizaje por allí fue un tanto traumático, básicamente por el contraste entre la opulencia con que vivimos la mayoría en occidente y la humildad con que lo hacía una gran parte de los ciudadanos ecuatorianos. Les cuento esto porque creo importante señalar que mi regreso a España también lo está siendo, pero no ya por ver este contraste económico a la inversa, sino porque, tras convivir con unos ciudadanos que viven intensamente y disfrutan cada uno de sus logros y avances sociales y políticos, regreso a un país cuya mayoría social presume de vivir en una de las democracias más avanzadas del mundo cuando lo cierto es que día tras día nos asaltan síntomas de que vivimos en una oligarquía heredada del franquismo. Eso sí, con derecho a voto.

¿Cómo si no se explica que ayer un juez fuera llevado ante un tribunal, demandado por una organización del ultraderecha, por el mero hecho de tratar de abrir, treinta años después del supuesto fin del franquismo, una causa contra los crímenes perpetrados por ese régimen fascista? Escuchaba ayer en la radio comentar al hispanista Ian Gibson que esto demostraba que la Guerra Civil no había acabado, pero Gibson esta vez se equivocaba: la Guerra Civil sí acabó, y hubo unos vencedores que durante 35 años (y aún hoy) compensaron a sus víctimas y criminalizaron y condenaron a sus enemigos. Lo que esto demuestra es que lo que no acabó fue el régimen franquista, y que la Transición, ese proceso modélico en el que todos cedían, nunca existió realmente, pues todavía hoy los fascistas siguen controlando el poder e impidiendo que España, a diferencia de la mayoría de países civilizados que han pasado por vergüenzas históricas similares, investigue y depure su pasado haciendo que la justicia y el reconocimiento llegue a todas sus víctimas y sus familiares, y no solo a las de un bando.

Hoy, en todos esos países civilizados, tanto los que admiramos como muchos de aquellos de los que decimos servir de ejemplo, sus ciudadanos miran este lamentable espectáculo y les damos vergüenza, si no pena. A esa España es a la que he regresado. Díganme si no es para coger un trauma.

¿Justicia?
Mientras se juzga al juez Garzón por su investigación contra los crímenes del franquismo, en Valencia sigue en libertad el magistrado Juan Luis de la Rúa, amigo personal del president de la Generalitat Valenciana a quien libró de un juicio por haber recibido regalos de una trama empresarial, pese a que la legislación le obligaba (debido a su relación) con el acusado, a inhibirse de la causa. Hoy, además, se ha sabido a través de la prensa, que la sala valenciana dirigida por De La Rúa extravió las pruebas que podrían inculpar a su amigo Francisco Camps en varios delitos, pruebas que iban a ser utilizadas por un tribunal superior para considerar la reapertura de la causa.

Y ahora, si quieren, nos ponemos a enseñar a venezolanos, bolivianos, cubanos, ecuatorianos, argentinos, etc. lo que es un Estado de Derecho y una democracia consolidada poniéndonos como ejemplo.

La foto (sin modificar) de Garzón entrando al juzgado, la firma Álvaro García para El País.
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