29 septiembre 2009

Ilusión para el cambio

Jorge Alarte, el número uno de los socialistas valencianos, saltaba ayer como un resorte, en la víspera del debate sobre el estado de la Comunitat, a reclamar a Francisco Camps el adelanto de las elecciones a la Generalitat. Y es comprensible: motivos para desear un cambio en su organigrama no faltan, a la vista del mar de corrupción en que, según la prensa de todo pelaje, parece navegar buena parte del equipo pepero al frente de la principal institución ejecutiva valenciana; pero también, de la "no gestión" realizada por el president y los suyos durante los últimos meses de dura crisis en la Comunitat, prácticamente limitada a la entrega de trofeos en los saraos deportivos que todos pagamos a escote. Sin embargo, como bien ha demostrado la experiencia en anteriores ocasiones, los motivos para un cambio no significan que éste directamente se vaya a producir, y más si depende de la decisión ciudadana manifestada a través de los votos (método que, sin ser perfecto, es el mejor de que disponemos).

La gestión del gobierno es uno de los factores que los ciudadanos valoran a la hora de elegir su papeleta, pero no lo olvidemos, también "sus colores", lo guapo que parece el candidato, la ilusión que vende... los factores que inclinan el voto en un sentido o en otro son infinitos, y a buen seguro, que el partido en el poder nade en una pocilga de corrupción no garantiza la victoria a sus adversarios. Y esto, que por desgracia es posible en cualquier lado -y digo por desgracia porque es triste que haya mucha gente capaz de dar su confianza a un corrupto en lugar de a cualquier otro- es aún más posible en la Comunitat Valenciana. Pero no, como se ha escuchado durante los últimos días desde diversos grupos de la oposición, debido exclusivamente a que el Partido Popular valenciano haya contado con financiación irregular para potenciar sus campañas y se haya servido de los medios públicos para los mismos fines; sino también a que la oposición ha sido incapaz de articular un proyecto alternativo e ilusionante capaz de movilizar al sector del electorado decisivo para inclinar la balanza y cambiar el signo de una elección. El PSdeG junto al BNG lo hicieron en 2005 para derrotar a un Fraga que parecía imbatible, y lo propio hizo el Partit del Socialistes de les Illes Balears junto al Bloc y Unió Mallorquina para derrotar a Jaume Matas.

En ambos casos ambas oposiciones supieron vender alternativas a gobiernos adulterados, proyectos con puntos comunes desmarcados de los vicios del pasado, y evitaron confrontaciones previas para sumar fuerzas. Así consiguieron movilizar no a sus fieles de siempre, sino a los que nunca antes habían arrastrado a las urnas, y así obtuvieron los votos suficientes que posibilitar el cambio en sus respectivas comunidades. La historia luego nos contaría que la promesa de cambio en Galicia se quedó en eso, y a consecuencia de ello los movilizados que posibilitaron el gobierno del bipartito no regresaron a las urnas a revalidarlo; pero al contrario, en Baleares, los que llegaron no adaptaron la nefasta herencia dejada por sus predecesores y levantaron la alfombra. Y ahí están los resultados. Ése es el ejemplo que ha de tomar la oposición valenciana si verdaderamente desea el cambio; empezando por Jorge Alarte, que lidera el partido con mayor número de seguidores, y siguiendo por Enric Morera, Marga Sanz y Mónica Oltra. Organícense como quieran, ofrezcan una buena alternativa y, con ella pero no antes, exijan unas elecciones. Y que Camps vaya enviando a su amigo Jaume Matas el currículum. Como a aquel, EEUU le parecerá la distancia mínima entre él y el juzgado para sentirse relativamente tranquilo.
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