16 septiembre 2009

¿En qué estarían pensando?

Si es que siempre son los mismos. Hace unos días empezó el nuevo curso escolar, con la novedad de que este año, por deseo del gobierno de España, en algunas comunidades autónomas se comenzarían a informatizar las aulas y se regalarían ordenadores portátiles a miles alumnos para que siguieran las clases. Por decisión del gobierno y dicen que sin mediar negociación alguna, las computadoras las pagarían a medias entre el gobierno y las comunidades autónomas. A ver quién es el guapo que, si el gobierno dice que pone su parte, no pone la suya. Pero entonces salieron los de siempre. "Los padres catalanes deberán pagar la mitad de los ordenadores" apuntaban con cierto retintín durante estos días los presentadores de radios y televisiones. Y es que nada mejor que una noticia que parezca reforzar un tópico que cree el ciudadano medio -en este caso, que los catalanes son unos agarrados- para hacer a la audiencia sentirse más lista.

Sólo al gobierno catalán se le ocurre, con la que está cayendo, negar a los padres esta nueva prebenda a costa del erario público. ¿Qué idea trasnochada habrá pasado por la cabeza de las autoridades catalanas para no sumarse al regalo indiscriminado? ¿Que no sería justo que tanto las familias que tienen más dificultades para acceder a la compra de la computadora como las que no tienen ninguna se beneficiaran por igual del esfuerzo que supone para la Comunidad ese desembolso? ¿Que regalar material escolar sería restarle valor frente a las cosas por las que los chavales y sus padres pagan? ¿Que sería ridículo regalar ordenadores indiscriminadamente cuando millones de españoles no tienen reparo en adquirir consolas que superan en precio a esos portátiles con las que jugar a juegos que pueden costar su tercera parte? ¿Qué? ¿Qué razón habrán encontrado? Menos mal que el gobierno de Zapatero no pensó en nada de eso y ahora, desde las infantas Leonor, Sofía y compañía, hasta los niños de los barrios marginales, recibirán gratuitamente el mismo ordenador portátil, aunque quizás los últimos no lo puedan enchufar en su casa. No se puede estar en todo.
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