28 septiembre 2009

El problema

Vergara, grande este domingo en su viñeta de Público.

El gobierno español anuncia que planea subir los impuestos haciendo recaer la mayor parte de la carga impositiva en el total de la población, independiente de la situación económica de los ciudadanos. ¿Alguna medida dura para gravar la especulación financiera? Se aumentará la presión fiscal a las "rentas de capital", pero no se prevé penalizar los chiringuitos financieros (acabarán pagando los ahorradores que no han tenido suficiente dinero para contratar a un asesor y estafar al Estado). Pese a ello, el presidente del ejecutivo ni pestañea al asegurar esta mañana, entrevistado en la radio, que su reforma fiscal es de izquierdas y la asumirán los más ricos.

La policía asegura haber pillado a media cúpula del gobierno autonómico valenciano utilizando su posición de poder para conseguir financiación ilegal para su partido político, a través de los pagos de importantes empresas a un intermediario, a cambio de obtener contratación de obra pública. Según el informe policial al que han tenido acceso algunos medios, los protagonistas presumían de arreglar sus trapicheos en la farmacia de la esposa del presidente de la Generalitat. Pongan el "presuntamente" donde quieran. El caso es que llegada esta investigación a la luz pública, Ricardo Costa, secretario general del Partido Popular en la Comunitat Valenciana, y pieza clave del entramado delictivo que relata el informe policial, se presenta ante los medios para apuntar sin rubor que su partido político está sufriendo una persecución política por parte del gobierno.

Detalles al margen y tomando como ejemplo el caso que deseen, lo que parece indudable es que España padece un grave problema: algunos destacados políticos no tienen problema alguno en mentir abiertamente a la ciudadanía*. Esto, como diría aquel, en otros países no pasa.

*Algunas veces ante periodistas que permanecen mudos ante las mentiras, y que posteriormente las citan sin señalarlas como tal en sus medios.

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