07 septiembre 2009

Comparaciones

Dada la situación, establecer una comparación entre ambos era tan fácil que hasta a mí se me ocurrió hacerla en más de una ocasión en este espacio. ¿Cómo, disponiendo de una figura política tan negativa en el imaginario común español como la de Hugo Chávez, uno iba a desaprovecharla para ubicar en el plano ético al president de la Generalitat Francisco Camps? La situación, como comentaba, servía la comparación en bandeja; pero la servía, matizo, desde un punto de vista irónico. Les cuento esto porque creo que es de justicia, una vez comprobado que cada vez es más común plantear el símil en serio (como hizo el portavoz del PSPV en las Cortes Ángel Luna, en una entrevista que publicó El País el pasado sábado), señalar las notables diferencias que existen entre las políticas que plantea el presidente venezolano y las que lleva a cabo el valenciano, que se traducen a su vez en los beneficios que perciben o dejan de percibir sus ciudadanos.

Ateniéndonos al ejemplo más cercano y evidente, mientras Chávez es conocido -y condenado por la prensa extranjera- por nacionalizar -entre otras- las empresas petrolíferas de cara a que los beneficios que su explotación reporta recaigan en todo el país y no en manos privadas; el pasado mes de agosto Francisco Camps "nacionalizaba", mediante la donación de más de 90 millones de euros y el aval de otros 74 a fondo perdido, dos empresas deficitarias en manos privadas como el Valencia CF y el Gran Premio de Europa de Fórmula 1, para que las pérdidas de sus propietarios pasen a repercutir en el bolsillo de todos los valencianos (resta señalar que de haber beneficios no veríamos ni una). Venezuela y la Comunitat Valenciana también siguen, de mano de sus líderes, caminos opuestos en materias como la educación o la sanidad públicas, ya que mientras el país sudamericano realiza ingentes esfuerzos por acercar la cultura a toda su población (realizó una intensa campaña para lograr ser un país libre de analfabetismo, y ahora ésa lucha continúa en el plano tecnológico) o establece planes como la Misión Barrio Adentro, de cara a que la asistencia sanitaria llegue a todas las personas; en la Comunitat Valenciana las autoridades no escatiman a la hora de poner trabas al acceso de la población al conocimiento (ya sea privándoles de estudiar en su lengua, tratando de imponer la enseñanza de materias en lenguas extrañas, o simplemente renunciando a presupuestos para adquirir más fondos bibliotecarios), al tiempo que la calidad de la sanidad pública se degrada de modo alarmante y se dan muestras de que lo banal es prioritario a la público (no se escatiman esfuerzos para construir un edificio innecesario como el Ágora, mientras la construcción de la nueva Fe, el que debería ser el hospital valenciano de referencia, se prolonga indefinidamente).

Si a todo ello, sumamos el polémico y tan cacareado asunto del uso de los medios públicos es fácil dilucidar también quién sale peor parado. Y es que mientras Chávez dispone de su Aló Presidente, e incluso acaba de inaugurar un periódico para, según sus palabras, "hacer frente a las mentiras sobre la revolución" que vierte toda la prensa privada en su país; Camps no sólo hace uso para su propaganda -y cómo- de los tres canales de la televisión pública valenciana, sino que a golpe de publicidad institucional (con una inversión desmesurada) ha conseguido comprar la voluntad de buena parte de los privados (incluidas las radios y televisiones), que escriben a diario a dictado de algunas de sus consellerias. ¿Vale la pena seguir enumerando? La comparación en este caso, además de odiosa, sería sumamente imprecisa. A estas alturas lo único que cabría señalar es que, porque Camps sea en lo malo netamente peor que el presidente venezolano (y en lo bueno, también peor), no se va a lanzar uno en brazos del líder sudamericano o sucedáneos. Y más con su rollo de político cercano y campechano. Para eso ya tenemos a Rita Barberá.
Publicar un comentario