15 julio 2009

Una mala película

El golpe de Estado en Honduras se asienta ante la pasividad internacional; Francisco Camps sigue haciendo el ridículo en las portadas de los diarios e informativos de media España; y aquí, a unos centenares de metros de donde me encuentro, Rita Barberá continúa saltándose a la torera -por no calificarlo de modo más fuerte- las decisiones de la Justicia que son contrarias a sus intereses, y sigue adelante con los derribos en el histórico y casi único barrio del Cabanyal. Imagino que, si son lectores habituales de este rincón, no querrán que se lo explique de nuevo.

A mí, sinceramente, se me encoge el estómago sólo de pensar que todo esto sigue sucediendo y que a la mayoría del personal al que debería afectar en alguna medida se la trae al pairo. Pero es así. Uno acaba acostumbrándose a todo, y si un día tras otro ve como a los políticos que trincan con las manos en la masa se van de rositas, pues lo asume como normal y lo contempla como una parte más del espectáculo. Y más si se narra, como hacen muchos medios de comunicación, como una historia de buenos y malos. ¿Quién no recuerda haber sentido simpatía por el malhechor que escapa de la cárcel en un film? Pues eso. La actualidad se ha convertido en nuestra sociedad en una maniquea película del peor Hollywood, en la que todos tienen su papel. "El Bigotes" y compañía, después de la conversación filtrada ayer en la cadena Ser, ahora encarnan a los empresarios que se iban a beneficiar de los millones que traerían los "grandes eventos" de Camps. ¿Ven? Un papel que estaba por asignar todavía, porque los valencianos éramos los que los habíamos puesto (los millones de euros), pero no sabíamos quién se los había llevado. Ahora bien, que "el Bigotes" y compañía sean simplemente unos astutos negociantes o los malos de la película depende de quién se la cuente. Todo ciertamente bochornoso.
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