17 julio 2009

Rumore rumore

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Cito del Vaivén (sección de cotilleos políticos) de Levante-EMV de hoy:
"Una gran personalidad valenciana estuvo en un tris de convertirse en la primera autoridad sacada del armario a la fuerza. La denuncia iba a producirse en una conocida revista homosexual. Cuando ella se enteró, habló con M.ª Dolores Cospedal para ver si podía evitar la publicación. La secretaria general del Partido Popular llamó al ministro de Fomento, José Blanco, quien a su vez se puso en contacto con Pedro González Zerolo. Y fue este miembro de la ejecutiva del PSOE quien, al parecer, logró evitar el atropello."
Precisamente ayer hablaba con una compañera de lo que no parece sino la versión más actual de la leyenda urbana, propiciada por los condicionantes de la sociedad contemporánea. El que más y el que menos tiene entre sus amistades a homosexuales, y que uno de estos bulos le llegue por esa vía no hace sino dotar de verosimilitud un relato como el que hoy cuenta el diario valenciano. Un relato cuyos actores, excepto el de la persona sobre la que carga el peso del rumor/ataque, dotan a su vez (y excepto en el caso de Zerolo, también gracias a la rumorología) de verosimilitud la historia. Pero tiene toda la pinta de tratarse de eso, de una leyenda urbana, y extraña que Levante-EMV no la cite como tal. Sea como fuere, ninguna persona demócrata y tolerante -y estoy seguro que ninguna "conocida revista homosexual"- tomaría la decisión de mostrar públicamente una cosa tan íntima como es la opción sexual de una persona, por mucho que esa persona en particular fuera un político de lo más despreciable e hipócrita.

Cambiando de tema, la alcaldesa valenciana Rita Barberá sí que se atrevió esta mañana a calificar a de "violenta" a la Asociación Salvem el Cabanyal, y de "violentos" a cada uno de sus integrantes. El motivo, el recibimiento que tuvo en una inauguración en el barrio hace una semana, en la que, presuntamente, tres personas -identificadas por la policía, no detenidas, y ajenas a la asociación (que también estaba presente en el acto)- le lanzaron salivazos. Todo demasiado ambiguo para que la alcaldesa, que se debe a los ciudadanos de Valencia, insulte a una asociación y sus integrantes que sólo velan, primero por sus intereses particulares (que el Ayuntamiento no les robe), y de paso por el patrimonio de la ciudad (que no es poco lo que Barberá quiere destruir para especular sobre sus escombros). Si a los vecinos de Salvem cabe calificarlos de violentos por "proximidad física puntual", ¿qué no sería Rita Barberá? una alcaldesa que homenajea a personalidades franquistas y se niega a retirar de la ciudad los símbolos y "honores" de la dictadura? Pero los ciudadanos, ni tan siquiera los de Salvem el Cabanyal, van por ahí llamándola -y menos delante de los medios- fascista. Son, sin duda, más demócratas y tolerantes que ella.
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