30 julio 2009

Playas con "aliciente"

Como alguno de lo habituales ya sabrá, un servidor tiene el privilegio de vivir a escasos 200 metros del mar, en concreto de la playa de las Arenas en Valencia. Sin embargo, no fue hasta ayer que me di el primer baño en sus aguas. Cualquier mesetario se estará tirando de los pelos tras leer lo anterior pensando que soy cuanto menos idiota, pero estoy seguro de muchos de mis vecinos entenderán esta tardanza. Y es que partiendo de las de las misma capital hacia el norte, hay que viajar al menos veinte kilómetros para disfrutar de unas aguas más o menos limpias. La desembocadura cercana de numerosas acequias provinientes del campo motivó, desde que tengo conocimiento, que bañarse en las playas del Cabañal y la Malvarrosa tuviera el aliciente no deseado de verse uno obligado a esquivar todo tipo de frutas y hortalizas, aunque a su vez esta suciedad natural motivara que muchos maleducados se creyeran en posesión de carta blanca para sumar a ella todos los residuos que generaba su despreocupado domingueo. Y así, durante muchos años, el baño en Valencia se convirtió en algo muy poco recomendable. Ayer, aunque entré en el agua un par de minutos, ése fue también el panorama que me encontré.


Sin embargo, esto no siempre ha sido así. Sin ir más lejos, el año 2007 los valencianos disfrutamos de unas aguas cristalinas como no las recordaban ni los más viejos del lugar. La celebración de la Copa América y las ganas de agradar a los visitantes manifestadas aquel año por las autoridades sirvieron para demostrar que, si se realizaba la correcta acción política, la ciudad de Valencia y las localidades colindantes podían disponer de unas playas libres de residuos. La pregunta es, ¿por qué esto no sigue haciéndose? Mantener unas playas limpias es todo un reclamo para el turismo, mientras que tenerlas sucias es una invitación a los que han venido a que no regresen nunca más. ¿Por qué se invierten tantos millones en traer grandes eventos que solo disfrutan unos pocos, mientras que la playa, que es de todos, no se cuida a la perfección con nuestro dinero? Lo menos que puede hacer el ciudadano ante esto es sospechar que mantener limpias las playas es un gasto en el que seguramente sea más difícil "meter la cuchara" que en la organización de un "gran evento". Y tener la certeza de que, con decisiones como ésta, queda de manifiesto que no es el fomento del turismo el principal interés de nuestras autoridades cuando deciden a qué dedican las partidas de presupuesto destinado a él. Mientras, cada día que las playas siguen sucias uno de los turistas que las visita decide que no serán ellas un argumento para su regreso a la ciudad. Y eso no hay Schumacher que lo arregle.
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