27 julio 2009

Ni el gafe, ni la casualidad, ni el destino

Si la situación fuera a la inversa estaríamos ya cansados de escuchar a Esteban González Pons -o algún sucedáneo- repitiendo la gracieta. Pero como el que parece gafe es Francisco Camps, no sé si por respeto al debate político o por simple dejadez, nadie de la oposición ha saltado a mofarse del President. Y es que la cosa viene de largo. Fue que la Generalitat desembolsara un millón largo de euros para que el ex molt honorable se pudiera hacer la foto con Fernando Alonso en la presentación en Valencia de su nueva escudería, y que ésta le hiciera la vida imposible para acabar impidiéndole alzarse con su tercer campeonato mundial consecutivo. La cosa podría parecer casual si no fuera porque el piloto asturiano cuajó su peor principio de temporada en años al siguiente campeonato, cuando Camps se gastó una millonada aún mayor para traer una de sus pruebas a Valencia. En aquella carrera, tras recibir el saludo del líder valenciano del PP, Alonso no llegó a girar tres curvas del circuito antes de empotrar su bólido. Eso sí, fue alejarse de Camps, y protagonizar un final de temporada espectacular. Entre una cosa y otra, el President tuvo tiempo también para, tras tratar de amañar la competición, impedir -a su pesar- la celebración en Valencia de otra edición de la Copa América. Y finalmente ahora su gafe podría haber alcanzado un alcance internacional, ya que justo en la prueba previa al GP de Europa de Fórmula 1 que se disputa en Valencia, un fallo mecánico en el vehículo de Alonso ha provocado una sanción que posiblemente* impida al asturiano (fiscalmente suizo) disputar la prueba valenciana (dentro de, una vez más, una temporada lamentable).

Todo eso, aunque se lo haya contado yo, son estupideces. Ni Francisco Camps es gafe, ni lo es Zapatero -o cualquier otro- si va o no a ver un partido de tal o cual equipo, como hemos escuchado decir en más de una ocasión. Sin embargo, tampoco hay que creer que todo se debe al destino y que ahora, pueda disputar la carrera o no Fernando Alonso, el más que previsible fracaso del inminente Gran Premio de Europa en Valencia será fruto de la casualidad. Porque no es así. Si la Generalitat comandada por Francisco Camps hubiera basado su decisión de invertir centenares de millones de euros para traer la prueba, en una serie de estudios no interesados que demostraran que a un evento de este tipo en nuestra ciudad acudiría, independientemente de quien ganase, un número fijo de espectadores que garantizaría su rentabilidad; o que era factible crear un circuito donde quería ubicarse que fuera atractivo a los aficionados para ver carreras de Fórmula 1; la prueba ya habría funcionado el año pasado y éste, sencillamente, sufriría un ligero bache. Sin embargo resulta evidente que la decisión del President de traer aquí la carrera no fue tomada a partir de estudios de este tipo, lo que viene a confirmar que fueron otros motivos los que le impulsaron a ello.

Como recordarán el primero fue el electoralista: adaptando el caciquismo al nuevo milenio, Camps aseguró que las carreras vendrían si él ganaba las elecciones. Pero el segundo, menos ponderado, es quizás más determinante que el anterior, pues ejemplifica la gestión del inculpado President al frente del destino del pueblo valenciano: creer que con dinero, sólo con dinero, se puede todo. Y no es así, como es obvio. Ni gastarse una millonada en barquitos trae turismo; ni gastarse otro tanto en hacer un circuito junto al mar deprisa y corriendo, hacen que éste sea mejor y más bonito; ni construir edificios megalómanos compensa el encanto que para un viajero tienen las ciudades cuidadas y con encanto; ni contratar macroconciertos a golpe de talonario cambia el hecho de que no hay infraestructuras para albergarlos y todo acabe en desastre; etcétera, etcétera. Camps se creyó -y logró convencer a gran parte de la ciudadanía de ello- que podría cambiar la Comunitat a golpe de talonario, embelleciendo la fachada pero ignorando las estructuras, como si no fueran unos sólidos cimientos la base sobre la que se edifica el rumbo de las comunidades que el President envidia. Y desde hace meses, sus proyectos, sus eventos, se desmoronan uno tras otro. Sin embargo, ni antes cuando ya se intuía el estropicio, ni ahora que anda distraido con sus problemas judiciales, Camps da un paso atrás. "Es mi destino trágico" imagino que pensará afligido, aunque como les decía, ni los gafes ni el destino tienen nada que ver cuando detrás de todo no hay más que una nefasta gestión. Una gestión de cuyas consecuencias, tampoco creo que la diosa fortuna nos pueda salvar.

*La sanción está recurrida por el equipo y posiblemente Alonso pueda disputar la carrera. A un servidor, pese a que esta competición le da igual, le gustaría que así fuera, pues entiende que para los aficionados que acudan a ver la prueba será un aliciente añadido.
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