28 julio 2009

Margen de tolerancia al mangoneo

Anda hoy todo el mundo interpretando los resultados avanzados ayer del cuestionario realizado a dos mil y pico sujetos de doscientas y pico poblaciones españolas que lleva por popular y respetable nombre Encuesta del CIS. Y lo hacen hoy más que de costumbre básicamente por dos motivos: uno, porque es verano y es de las pocas cosas que a los periodistas nos dan hechas; y dos, porque por primera vez en más de un lustro la encuesta pone al PP por delante del PSOE en intención de voto de cara a formar el próximo gobierno del Estado.

Es innegable que la encuesta tiene interés. Uno puede ver en ella cómo calan en la población algunos "mensajes interesados", como la "maldad" de la inmigración, que supone uno de los principales problemas para los encuestados cuando pueden apuntar varios, aunque sólo (y aún me parecen muchos) lo señalen el 3'6% cuando han de referirse al que les afecta principalmente. O también, cómo ha calado la existencia del "centro político", ese ente que ha venido a sustituir al mal visto conservadurismo -es mucho más cool ser "de centro" que conservador-, aunque ambas cosas sean lo mismo, pues al final el centro (a cuya derecha sólo se señala un marginal 12%) también implica no cambiar nada en aras de una supuesta moderación. Incluso, cómo el silencio informativo y el pasotismo del personal han conseguido que Cayo Lara, el líder de la tercera fuerza política del país, sea un perfecto desconocido para el 75% de los encuestados (de aquí al bi-mono-partidismo yanqui no falta nada). Y ya les digo, hay mucho más.

Sin embargo la prensa se queda, como único punto de interés, con la pugna PP-PSOE (reforzar ese bipartidismo es una labor diaria y constante), y en este sentido, con que el repunte del PP llega cuando decenas de sus miembros se encuentran imputados en casos de corrupción con el amparo de la cúpula del partido. Pero lo extraño de esto es que todavía extrañe a alguien. Salvando a los fantáticos inamovibles de uno u otro partido, la experiencia nos demuestra que los votantes de derecha (o de centro, como prefieran) tienden a tolerar en los partidos de derecha cierto margen de mangoneo si a cambio ofrecen la "buena gestión" económica que se espera de ellos. En cambio, si dada una situación, confían en un partido de izquierdas para resolverla, esperan que ese partido aplique políticas de progresistas. Y en esas nos encontramos ahora, con un gobierno del PSOE que no da una a izquierdas (su único mérito es haber impedido por ahora que se abarate aún más el despido como desea la CEOE y algunos sectores del PP), y un Partido Popular empañado por la corrupción, esperando el relevo para tomar sin titubear las mismas medidas que el PSOE y alguna más. Ahora, tras cinco años, el PP lidera la intención de voto del CIS y a nadie, y menos que a nadia al PSOE, debería extrañarle: los españoles, para hacer política de derechas, antes que a la imitación prefieren al original. Incluidos sus defectos.

PD: Un último apunte curioso que da también el estudio. La encuesta propiamente recoge que el 28'4 % de los encuestados afirma que votaría al PSOE, mientras que el 23'9 asegura que votaría al PP. ¿Cómo pues se extrae que el PP supere en intención de voto al PSOE? Porque a las respuestas que da la población hay que aplicarle un filtro para aproximarlas a la realidad de las urnas. Vamos, que la encuesta ya cuenta con que parte de los votantes "de centro" antes mencionados no dirían en público que votan a un PP manchado de corrupción, aunque considera que finalmente lo harían.
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