23 julio 2009

Entrevistas

[...]
Javier Casal: Señor Zelaya, ¿a usted no le importa que se produzca un brote violento a su llegada (a Honduras, de donde fue expulsado en un golpe de Estado)?
Manuel Zelaya: (risas) Ya es la segunda pregunta que a favor de los golpistas. Debería hacerme alguna a favor mío.
J. Casal: Señor Zelaya, aquí no hacemos preguntas a favor de los golpistas o a su favor. Simplemente hacemos preguntas periodística.
M. Zelaya: Sí, lo sé, lo sé. Simplemente le hago la observación. El brote de sangre lo han provocado los que tienen las armas y a mi regreso lo que habrá es una manifestación de paz. Hay que verlo de esa forma.
J. Casal: ¿Y usted cree que si se producen disturbios a su llegada esa sería una situación pacífica?
M. Zelaya: El reclamar un derecho, el reclamar una conquista social como es la democracia, ¿usted cree que sea una posición violenta? O lo es el golpe de Estado. ¿Qué es lo violento, dar un golpe de estado o reclamar el derecho? Dígame usted su opinión.
J. Casal: No, yo no estoy aquí para opinar, estoy aquí para preguntar señor Zelaya.
M. Zelaya: Para preguntar... (risas)
J. Casal: Señor Zelaya, en todo caso, ¿por dónde pasaría la solución al conflicto que ahora vive su país?
M. Zelaya: Usted, ¿usted condena el golpe o no?
J. Casal: Yo pregunto, yo no condeno nada.
[...]
Imagino que entre la primera pregunta, que cito de la entrevista que esta noche realizó en Hora 25 Javier Casal al presidente de Honduras Manuel Zelaya, y la renuncia del periodista a condenar el golpe, tras años y años de "condenar" sucesos y exigir a unos y otros que "condenen" esto o aquello, a Casal se le habrá abierto el mundo bajo los pies. Imagino y espero; porque la entrevista -aunque luego los contertulios Miguel Ángel Aguilar (que no recuerdo en una papeleta similar), José María Brunet, Suso de Toro y Cristina de la Hoz hayan salido a alabar la labor del locutor y a tratar de justificar de un modo u otro el golpe de Estado- ha sido digna de entrar en los manuales de Ética periodística. Para ilustrar lo que no es ético, obviamente.

Quizás por eso, cargado por la culpa -o pensando en cómo se lo explicaría a sus alumnos de Tratamiento de la Información en radio-, cuando luego se ha visto en la papeleta de entrevistar al presidente golpista*, se ha mostrado duro y rotundo con él (aunque básicamente hacia el final, por lo que es difícil deducir si se debía exclusivamente al papel realizado en la entrevista a Zelaya o a que Micheletti se estaba viniendo arriba contando mentiras ,y no pararlo era caer más aún en el ridículo). No obstante ya era tarde, y el mal estaba hecho. La pregunta es, ¿cuándo uno se olvida de la pasión de informar y del respeto a su profesión, para pasar a convertirse en una pieza más de un poderoso engranaje de intereses? ¿Es inevitable? Quiero pensar, y pienso, que no.

*Algo que, como ya he contado en alguna ocasión, es inaudito. Si tras escuchar el testimonio de una víctima, das la palabra a su verdugo para que se justifique, estás poniendo a ambos en el mismo plano.
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