21 julio 2009

El Bibliobús (o cómo aprovecharse de un desbarajuste)

Valencia capital goza de una interesante red de bibliotecas municipales. La distribución geográfica no es del todo buena, pero más de la mitad de los ciudadanos disponen de una librería pública a una distancia razonable de sus hogares. Yo soy usuario de las mismas desde hace un tiempo, el suficiente como para exprimir sus ventajas y conocer sus carencias. ¿Sus ventajas? Las de cualquier biblioteca; principalmente poner al alcance del ciudadano una cantidad de obras a la que dificilmente podríamos acceder de otro modo; con el añadido de poder consultar y reservar títulos por internet con relativa facilidad. ¿Las desventajas? Básicamente los horarios, coincidentes prácticamente con los de la jornada laboral más extendida (no abren sábados, cierran a mediodía y a mitad tarde) y, secundariamente, de catálogo: últimamente -y no sé si tan últimamente- la incorporación de títulos a las bibliotecas es bastante -por no decir muy- reducido.

A ello se une, por estas fechas, un inconveniente añadido: la práctica totalidad cierran el mes de agosto, por lo que dejan de servir de refugio a los usuarios y de sala de estudio a los miles de jóvenes que deberían encontrar en ellas el lugar tranquilo y fresco en el que poder preparar sus exámenes. La medida despierta todos los años la reacción de la oposición en el Ayuntamiento, pero éste sigue en sus trece, y planteando a cambio el servicio Bibliobús, un autobús/biblioteca que va deteniéndose por etapas en las diferentes playas de la ciudad, donde ofrece una breve colección de novedades a los usuarios habituales de la red y a los que se hagan un carnet provisional en el mismo vehículo. Lo curioso es que, para usarlo, o coincides con él en la playa, o estás muy puesto en el tema de las bibliotecas de la ciudad y conoces "su ruta". Sin embargo es a él a donde los habituales tenemos que acudir este verano para acceder ya a algunas de la novedades más deseadas por los lectores. Lo lógico, como es obvio, sería que esas novedades hubieran llegado a las bibliotecas convencionales, donde los usuarios nos hubiéramos lanzado sobre ellas, pero no, están en la playa, donde seguramente Canal 9 ya habrá grabado una pieza para destacar la "novedosa" medida del Ayuntamiento. ¿Pero es realmente efectivo el servicio?

Esta mañana, conocedor de que el Bibliobús estaba cerca de casa y de que en él podría encontrar una novedad que me interesaba, salí al punto anunciado allí me lo encontré. Al menos tres chicas pasaban el rato dentro del bus a la espera de que subiera algún lector al que atender, y frente a ellas las estanterías rebosaban de ejemplares de los últimos libros de Stieg Larsson, Orhan Pamuk o Javier Cercas, que apenas habrían durado unos segundos en una biblioteca convencional, pero que aquí veían pasar el verano de playa en playa sin que nadie les hiciera caso*. Yo cogí el que deseaba (habían ejemplares de sobra), me lo apuntaron, y me fui. Y como no sé si debo estar enfadado o contento porque gracias a que las cosas aquí funcionen así tengo mi libro, pues simplemente se lo cuento.

*La prueba mayor de ello es que los usuarios ya no están obligados a devolver el libro al Bibliobús, sino que pueden dejarlo en las bibliotecas municipales a partir de septiembre, por lo que la práctica totalidad de los libros una vez salen del vehículo ya no regresan a él. La prueba del éxito del servicio, que quedaban un montón.
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